Me he sentido tentado muchas veces de escribir a elPeriódico, para hacer algunas observaciones sobre las opiniones y comentarios de la sección de Opinión, pero nunca he tenido el tiempo ni la paciencia de hacerlo, y otras veces me ha detenido el temor de que no me publiquen. Pero el 6 de enero que leí en la sección de Cartas, la de Alejandro Balsells Conde,me arriesgo a enviar yo también una carta para solidarizarme con sus argumentos, cuando se refiere a lo que ha escrito Jorge Palmieri sobre la famosa toma de la Embajada de España. Por lo visto, él sigue defendiendo al oprobioso régimen luquista como lo hiciera cuando fue embajador en México, no sé si por costumbre o por algún escrúpulo de conciencia de haber sido relevante funcionario en tan execrable régimen. Sea como sea, sigue cosechando hoy en Guatemala comentarios como los que provocara en México durante su gestión, como lo comprueba el recorte de periódico que me permito remitir y que me mandara un amigo desde México, con ocasión de la desaparición de Alaíde Foppa:
EN DEFENSA DE PALMIERI, FERNANDO BENÍTEZ
Hace más de un mes desapareció Alaíde Foppa. No desapareció sola, sino con el chofer de su madre y con algo tan estorboso como un automóvil. Que se esfumaran en Guatemala, que se produjera este hecho en Guatemala, a nadie debe extrañar, porque en ese país el secuestro, el encarcelamiento y el asesinato constituyen la normalidad...
Por supuesto, al desaparecer una mujer tan valiosa y querida se ha recrudecido la campaña contra el embajador Palmieri, lo cual me parece no sólo injusto, sino irracional. Palmieri es simplemente el criado de un asesino bestial y los asesinos no emplean ángeles en su servicio. Palmieri es hechura de Lucas. Bastante trabajo tiene ese desdichado con tratar de encubrir diariamente docenas de crímenes, de atropellos y vejaciones. Un gorila que se expresa tartajosamente, usurpa el poder y el alto grado de general, no puede nombrar a una persona dotada de un mínimo de moral o del sentido del honor. Ya otro gorila como el general Victoriano Huerta nombró funcionarios a un Vera Español o a un Federico Gamboa, y en la escala de Lucas debía nombrar a un hombre que sin alcanzar las excelencias intelectuales de esos personajes, lo defendiera en México y se esforzara por justificar lo injustificable.
Es inútil pedir la destitución de Palmieri. Lo sucedería otro de su laya y todo seguiría igual, porque cualquier Embajador de Guatemala sería el sirviente de Lucas y continuaría la empresa servil y miserable de defender al verdugo de su pueblo.
Ya Palmieri se ha ganado el merecido desprecio de la sociedad mexicana y habría que comenzar de nuevo con su sucesor. Celebremos más bien la presencia de Palmieri. Mientras más encendida y virulenta sea su defensa, mayores serán los crímenes de Lucas. Palmieri es el testimonio elocuente del etnocidio que a diario sufre nuestro hermano, el pueblo guatemalteco.
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