Varios formadores de opinión han criticado la Reforma Fiscal con el argumento que las empresas solo pagarán el 5 por ciento sobre sus utilidades. Este argumento es falso, pues las empresas podrán pagar el 5 por ciento sobre ventas brutas, o el 28 por ciento sobre utilidades presuntas (ya que se limitan los gastos deducibles), más el 5 por ciento sobre los dividendos que repartan. Esta tasa del ISR es la más alta de Centro América, en el segundo régimen y en el primero dependerá de su margen operativo. Por supuesto que la ceguera ideológica de algunos columnistas les impide aceptar que el ISR de las empresas lo terminan pagando los que no consiguen empleo en el sector formal, y tienen que aceptar salarios bajos sin prestaciones en el sector informal. Yo propongo un impuesto a la deshonestidad intelectual pues este podría reducir significativamente el déficit fiscal.
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