Simplemente pagan y reciben su pedido, debidamente conservado en refrigeración.
Gustavo Berganza
En la primera semana de marzo, los diarios estadounidenses divulgaron el escándalo: el director del programa de donaciones voluntarias de cuerpos humanos, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), había sido arrestado por vender partes de los cadáveres que estaban a su cargo.
La dependencia de la UCLA, de acuerdo a Los Ángeles Times, tiene a su cargo recibir y mantener los cuerpos que personas han donado luego de su fallecimiento para destinarlos a la enseñanza e investigación en la facultad de Medicina.
Sin embargo, como cada vez hay más estudiantes en las clases de Anatomía en otras universidades y muy poca oferta de cadáveres para la enseñanza, instituciones que, como la UCLA, tienen la suerte de contar con una buena disponibilidad de cuerpos, se convierten en foco de atracción para los traficantes de piezas humanas.
Imagínense ustedes. Tal como sucede con la carne en canal, el cuerpo humano vale más seccionado en piezas que vendido entero. Por ejemplo, según el diario californiano, un cuerpo completo se vendía en US$1,400, en tanto que solamente la médula espinal se cotiza en US$800.
Como sucede con cualquier bien de intercambio, existe toda una red de compradores y distribuidores. Los médicos contactan a una empresa, le especifican “la pieza” que necesitan y ésta empresa se encarga de contactar ya sea al intermediario o, directamente, al proveedor.
Los médicos no se preocupan demasiado en averiguar la procedencia. Simplemente pagan y reciben su pedido, debidamente conservado en refrigeración, y se van tranquilos a utilizarlo. Por lo general, estas piezas son las que se emplean en seminarios y capacitaciones.
La fuente de los cadáveres puede ser de programas, como el de la UCLA, en donde los encargados disponen de amplios inventarios, o de suplidores al detalle, como funerarias. De acuerdo con las narrativas periodísticas, se han detectado casos de empresas que, en vez de cremar el cadáver para el cual se ha contratado ese servicio, lo venden. Lo que reciben los deudos son cenizas de cualquier otra procedencia –madera, animales, basura–, pero no las de sus seres queridos. Éstos irán a parar a anfiteatros o serán vendidos en pedazos.
Como sucede con el tema de la adopción, la finalidad última de esta actividad suele ser beneficiosa para la humanidad. En el caso de la adopción, se logra conseguirles a los niños huérfanos o de padres que no pueden o no quieren criarlos, hogares en donde recibirán todo el amor que necesitan. En el caso de las partes humanas, ayudan a que los médicos divulguen nuevas técnicas de cirugía o expliquen a bisoños aprendices de galenos la diferencia entre el hígado y el corazón.
Lo malo, en ambos casos, es que una finalidad tan útil para la sociedad sea corrompida de esa manera, por el afán de lucro de quienes fungen como facilitadores.
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