CARICIA: Sé que son bosques, dunas y lagos lo que tus ojos recorren –el tiempo de un relámpago– al cerrar los párpados. Y el mar inmenso, las cimas nevadas, los profundos valles, cuando retornas de ese viaje inexplicable de segundos. Y el estrépito polifónico de los pájaros en la selva, los destellos de sol, el olor a resina y a sexo, tras el aguacero. Sé que es eso y más, después de nuestro abrazo: un dulce rocío eléctrico expandiéndose sobre tu piel, cuando los confines de tu cuerpo bosquejan en mis dedos el gozoso jeroglífico de los deseos. Entonces, aquella sonrisa pícara que escondes detrás de la almohada me hace señas para que vaya, nuevamente, a tu encuentro.
NOSTALGIA DE FUTURO: Cuando el rumor ocre y polvoriento del anochecer se mete en mis sentidos y los machaca con afanosa saña, desearía tragarme de un sorbo los años que me quedan y contemplarme, ya viejo, con ojos complacidos, riéndome del ayer.
ÍCARO: Hombre que vas y pasas entre las rejas: sueñas con jugar con las aves que vuelan allá, frente a tus ojos. Y crees por momentos que has levantado el vuelo, mas enseguida descubres que es rumbo al abismo.
DEFINICIÓN: Soy una sed con piel. Y no cesaré de deshidratarme, hasta que la muerte me dé de beber.
GIL EL ILUMINADO: Gil amaba la taza. Y el cigarrillo con su humo ascendente. Y cada sorbo. Y las rejas, que lamía cuando lo observaban. Gil amaba todo, y mucho, y a todas horas. Por eso nunca hablaba. Tan sólo acariciaba con gesto demente al Mundo, que lo había encerrado para protegerse de su amor. Pero un día llamó a los guardias, mostró su ombligo, y dijo: aquí. Y del agujero que su dedo señalaba irrumpió, jubiloso, un chorrito de miel que provocó la estupefacción de los psiquiatras.
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