Me gustaría decirle al Guille que se olvide de esa chavita.
Lucía Escobar
Conozco a Guille desde que sólo era un deseo en los ojos de su madre. Literalmente le cambié los pañales y fue con él que aprendí a ser mamá. Cuando tenía apenas un año me tenía terror porque una noche lo zarandeé para que dejara de llorar. Ahora tiene 15 años y no creo que le guste que cuente esas cosas.
Me enorgullece verlo tan guapo, tan inteligente, hablando de política nacional con propiedad y conocimiento, mientras los niños de su edad suelen ser mucho mas bobos. Lo he visto platicar con Tasso Hadjidodou y Eduardo Suger con una seguridad que ya quisiera yo.
El otro día llegó triste, un lío de faldas, sospeché. Me contó que está enamorado de C y parece que ella también siente algo por él. Pero los padres de C quieren que ella sea numeraria (una especie de monja del Opus Dei) y se han propuesto hacerles la vida imposible.
A la chavita le han prohibido los entrenos deportivos, las fiestas y cualquier salida donde pueda encontrárselo. A Guille lo tachan de comunista por leer a García Márquez y de mediocre por tener un promedio de 80.
Guille no se da por vencido y ha intentado de muchas formas que los padres de C le den, al menos, la oportunidad de presentarse, que lo conozcan y juzguen por ellos mismos. Pero los señores se han puesto necios y no dan su brazo a torcer aún sabiendo que la niña sufre.
Me gustaría ser más cínica y decirle al Guille que se olvide de esa chavita, que la vida está llena de amores, que él seguramente puede encontrar a alguien más y que es muy joven para sufrir por gusto.
Pero pienso en C y me da lástima que en el mundo todavía puedan suceder cosas así, que vulneran los derechos del adolescente y sobre todo su libertad.
De verdad que no entiendo a esos señores ¿no tendrán nada mejor que hacer que chingarle la vida a su propia hija?
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