En Guatemala, las tres casas presidenciales de descanso no pasan de ser lugar de fiestas de cumpleaños de hijos de presidentes, fines de semana para el descanso de la familia presidencial y sus invitados. Y nadie sabe contar mejor las historias de estas casas que esos hombres que han dedicado buenos años de su vida a cuidarlas. Carlos Calvillo es uno de ellos: llegó a la casa de descanso de la finca Santo Tomás, Escuintla, cuando tenía 14 años. En realidad este hombre flaco y avispado no aparenta tener más de 40, pero cuando empieza a hacer la lista de los presidentes que ha debido atender, uno hace cuentas y llega a la conclusión de que ha vivido más de lo que parece (su lista empieza por Kjell Eugenio Laugerud García, presidente de 1974 a 1978).
El estilo de construcción de la casa de la finca Santo Tomás se parece mucho al colonial: un patio jardinizado al centro, amplios corredores que forman un cuadrado, ambientes distribuidos alrededor, vigas de madera y techo de teja. Calvillo cuenta que esta casa no siempre fue así, pero que cada Presidente fue haciendo modificaciones hasta transformarla (la construcción original no era un cuadrado). Vinicio Cerezo (presidente 1986-1990) mandó cambiar la lámina por teja. Es de los últimos presidentes que más tiempo permanecían en este lugar: llegaba jueves y se iba lunes.
Álvaro Arzú (presidente 1996-2000) pidió que se desbarnizaran las vigas para que esto se pareciera más a la casa de una hacienda. Las áreas exteriores están dispuestas para que la familia presidencial tenga un lugar para el entretenimiento y el ocio: piscina, jacuzzi, rancho de estar, un rancho social construido para celebraciones que tiene capacidad para unas 500 personas, según cuentan los administradores. Aquí se celebraron los cuatro cumpleaños de Gabriela Portillo, hija del ex presidente Alfonso Portillo y Evelyn de Portillo. Efraín Ríos Montt los usó para celebrar servicios religiosos y Jorge Serrano Elías empezó también por celebrar cultos evangélicos, pero asimismo recuerdan la celebración de fiestas no tan religiosas. Las fotos de los presidentes que han gobernado el país, después de Jorge Ubico –quien la mandó construir– están colgadas en uno de los corredores.
En esta finca trabajan de manera permanente 11 personas que prestan servicios domésticos, de jardinería y mantenimiento. La Secretaría de Asuntos Administrativos de Seguridad (SAAS) reporta que los costos anuales de mantenimiento de esta casa son de Q964 mil (es la más cara). En sus 61 manzanas se encuentran la pista de aterrizaje, un helipuerto, un criadero de venados, un polígono de tiro y una pequeña capilla.
Los historiadores cuentan que la idea de que los presidentes tengan casas de descanso es una copia del estilo de vida que llevó el Capitán General, representante del Rey de España en Guatemala. “Pero también está hermanado con el concepto de casas de descanso para el Obispo. Creo que ese es el punto de partida”, explica Haroldo Rodas, historiador.
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