El 4 de enero, en el reportaje titulado “Atribuyen las campañas negras a militares” en páginas 2 y 3, se encuentra un reportaje que es nada ortodoxo porque al principio les ofrece una conclusión basada en opiniones de analistas, quienes después, en el mismo relato, no lo confirman.
El 4 de enero, en el reportaje titulado “Atribuyen las campañas negras a militares” en páginas 2 y 3, se encuentra un reportaje que es nada ortodoxo porque al principio les ofrece una conclusión basada en opiniones de analistas, quienes después, en el mismo relato, no lo confirman. Cuánta utilidad tiene esto para los lectores es materia de perplejidad.
El tercer párrafo al principio declara que “Analistas políticos consideran que esta campaña está diseñada por militares expertos en Inteligencia…”. La expresión “esta campaña” se refiere en el párrafo anterior específicamente a la campaña de desestabilización montada y divulgada anónimamente contra el Banco G&T Continental, agregándose que los correos electrónicos “… en contra de los políticos de turno y periodistas continúan llegando…”.
El recuento cita a cinco analistas, de la siguiente manera:
De Mario Mérida se dice que califica “las últimas compañas como ‘una angustia por una derrota’”, pero no favorece a los lectores con su explicación de a qué derrota se refiere, ni elPeriódico le preguntó, como lo debía haber hecho.
Juan Callejas es citado diciendo, “… este tipo de campañas suelen manejarlas los partidos autoritarios que basan sus mensajes en soluciones, tales como la inseguridad y la pobreza”.
Otro analista que prefiere quedar anónimo, expresa que “los autores tienen como fin desprestigiar a sus opositores…” mencionando a quienes en los mails aparecen como supuestos autores, Edgar Gutiérrez y Sandra de Colom. Ambos lo han negado.
Luego se dice que tanto Gutiérrez como Callejas “… coinciden en que las agrupaciones políticas suelen formular tesis de soluciones extremas...”.
Mauricio López Bonilla, a su vez, no señala perpetradores y solo dice “… estas campañas hacen propicio que se desencadenen una serie de acciones que tratan de desestabilizar el ambiente político”. Se agrega que el mismo Gutiérrez declara que esta es una campaña subterránea, “… la cual puede llegar a ser más peligrosa para la estabilidad del país porque está fuera de control de cualquier autoridad”.
Por lo que se lee pues, ni por el más sutil y alambicado método inductivo o deductivo, puede inferirse o concluir que estos analistas citados atribuyen la última campaña negra a militares expertos en Inteligencia.
Acompañando el reportaje se incluyen cuatro recuadros en los que, con información histórica se describen pasadas campañas negras, algunas atribuidas a la Inteligencia Militar, por ejemplo, en los años sesenta.
Al respecto, Callejas es citado diciendo que “… mucha gente militar ha trabajado en Inteligencia y Contra-Inteligencia, por lo tanto tiene experiencia en informática, análisis de medios y manipulación de los mensajes”, sin dar más detalles.
Todo lo citado no quiere decir que se esté defendiendo o justificando a los responsables de la campaña contra G&T, o negando que los mismos autores de campañas anteriores lo hayan sido en este último caso. Se trata solamente de señalar un método de presentación noticiosa cuya propiedad y utilidad puede considerarse inaceptable como función informativa.
Aunque casos como el comentado no se ven con mucha frecuencia en elPeriódico, su ocurrencia ahora es una señal de alerta para que no se vuelva costumbre.
De hecho, esta columna, en su serie ¿Quo Vadis?, ha relatado que una de la causas principales de la caída en circulación de periódicos en los últimos años es atribuida a una creciente pérdida de credibilidad entre los lectores.
No debería entonces un periódico él mismo provocar desencanto en los lectores que los pueda llevar a renunciar en su lectura.
0 comentarios: