El martes por la mañana, Benjamín Vielman Hall, el paciente del cuarto 154 del intensivo de la pediatría del sanatorio Nuestra Señora del Pilar, sorprendió a sus médicos cuando balbuceaba las canciones de Barney.
Recién le habían retirado el respirador artificial al que había estado conectado durante una semana. El diagnóstico de las fracturas en la base del cráneo que había sufrido tras ser arrollado por un vehículo no era alentador. Pero,había una esperanza, los signos vitales de Benjamín, de 4 años, mejoraban.
La tarde del miércoles 16 de noviembre, él salió acompañado de su mamá y de su hermano al parque de enfrente a su casa en el condominio Villanova, en Villa Nueva. Atraído por la curiosidad se acercó a otro grupo de pequeños, quienes observaban cómo uno de ellos presumía de haber elevado su barrilete.
El parque se encuentra sobre un montículo de tres metros sobre el nivel del bulevar principal. Repentinamente, el Toyota Tercel placas 69BKP lo “trepó” y embistió al grupo. Todos, menos Benjamín, lograron escapar.
De acuerdo con la abogada Amalia Mazariegos, quien representa a los Vielman, el vehículo que era conducido por Rubén Estuardo Salazar Cruz, de 31 años, aceleró y perdió el control.
Benjamín fue trasladado luego del accidente al hospital Villas San Francisco, en donde le hicieron varias tomografías. No pudieron atenderlo en el Seguro Social porque Ricardo, el padre del menor, no goza de ese beneficio.
Tampoco encontraron una cama disponible en el Hospital Roosevelt. Cada segundo contaba, así que uno de los médicos hizo las gestiones para trasladarlo a El Pilar.
Fracturas en la base del cráneo, hemorragia abundante y un edema cerebral formaron parte del cuadro invariable de Benjamín durante dos días. El sábado, una nueva tomografía reveló que tenía una isquemia en la parte posterior del cerebelo, es decir, a esa área la circulación de la sangre no llegaba adecuadamente, además de hidrocefalia.
Durante los tres días siguientes, Benjamín tuvo una notoria mejoría, hasta que el miércoles le fue retirado el respirador artificial.
¡Por favor, no corra!
El accidente conmovió a todo el residencial, en donde hay colocados vibradores. En cinco ocasiones se le había advertido a Salazar, por escrito, que respetara el máximo de velocidad de 20 kilómetros, pero había hecho caso omiso de las advertencias, detalló Mazariegos.
En la subestación 1514 de Villa Nueva, Salazar declaró que “desconocía las causas” que provocaron el accidente. Luego, el Juzgado Primero de Primera Instancia de ese municipio ordenó arresto domiciliar en su contra. Hasta la fecha, él sólo pagó Q4 mil por la factura del hospital Villas San Francisco, aunque ofreció hacerse cargo de todos los gastos.
Cientos de correos electrónicos fueron enviados solicitando ayuda para pagar la cuenta, la cual hasta ayer ascendía a Q104 mil, que en parte será sufragada por el hospital, comentó su director, Francisco Coma.
Antes de tomar la fotografía que acompaña esta nota, Benjamín sonreía abrazado con su perro de peluche mientras veía una caricatura. Dos horas después sufrió un paro cardíaco que terminó con su sueño de volver a casa para volar barrilete.
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