Un noticiario de televisión informó primero, el jueves pasado, que se encontró un cadáver sin cabeza ni manos que no es posible identificar, pero se mostró la fotocopia de la Cédula de Vecindad con la foto del banquero español José Carlos Álvarez, que tenía un vecino que afirma que lo busca porque ha desaparecido. El viernes leímos en elPeriódico una nota titulada “Desaparece ciudadano español residente en La Antigua Guatemala” y el subtítulo “Un vecino lo busca por morgues y hospitales con una fotocopia de su cédula”. La macabra información alarmó a quienes alguna vez fuimos sus amigos y sospechamos que probablemente fue asesinado por venganza de alguna persona a quien estafó en un negocio. Porque quienes supimos sus andanzas creemos que pudo estar metido en una transacción truculenta.
Yo no creo que sea su cadáver –¡francamente!– pero haré de caso que murió. Carlitos (como lo llamaban) vino a Guatemala como representante del Banco de Santander y cuando este compró el Banco Inmobiliario fue Gerente General. Se le acusaba entonces de emplear los depósitos bancarios para financiar sus negocios particulares. En esa posición se rodeó de la alta sociedad y, como tenía un comportamiento encantador, que a veces parecía femenino, se valió de esos recursos para casarse con la hija de un millonario español residente en el país, con quien procreó una hija y un hijo.
Era muy enamorado, y ponía en juego su gran capacidad de persuasión para engatusar a mujeres guapas y, sobre todo, adineradas, y a quienes se dejaron embaucar las despojó de respetables sumas de dinero, aunque una de ellas logró recuperar lo que había dado por perdido. Vivía como millonario en una mansión en La Cañada, vestía con suma elegancia y se transportaba en autos europeos de lujo, con chofer uniformado. Era un “señorito” español.
Yo lo había conocido socialmente, pero lo conocí mejor mientras se relacionó amorosamente con una dama viuda y sumamente adinerada que era mi amiga. A pesar de que tenía ademanes demasiado amanerados, que a veces hacían dudar de su sexualidad, era un profesional para seducir y saber tratar a las mujeres. Pero un día se descubrió que era dueño de la empresa de inversiones Sonisa que prometía grandes utilidades a quienes les confiaban sus ahorros, la mayoría de los cuales quedaron en la calle. Una de las víctimas fue la viuda adinerada con quien estaba relacionado y ella canceló la relación. Después él perdió la mansión en La Cañada y varios negocios.
Un día vimos por televisión que unos policías llegaron a capturarlo al penthouse de un edificio en la zona 14, pero se dejó caer dramáticamente sobre un cómodo sofá para hacerse el enfermo y ser llevado a un hospital y no a la cárcel. En el inmueble encontraron pasaportes de varios países, entre ellos uno diplomático de Etiopía. Gracias a sus abogados pudo salir bajo fianza y largo tiempo se hizo perdedizo. Se decía que había regresado a Santander, que se reconcilió con su esposa y estaban dedicados a cultivar viñedos para fabricar vinos. Y que tenía una oficina de bienes raíces en El Salvador. Pero ha seguido siendo buscado por quienes fueron estafados y por las autoridades.
Por eso algunos creen que desaparecieron la cabeza y las manos de ese cadáver para que no sea posible identificarlo, pero la historia no es más que un montaje de un “vivo” para que lo den por muerto y no lo persigan más. Y por eso mostraron su Cédula de Vecindad para engañar a quienes perdieron su dinero y a las autoridades. Pero, ¿quién fue el muerto? Y ¿por qué el supuesto vecino anda buscando a Álvarez con una fotocopia de su Cédula de Vecindad?
Quienes reconocemos la extraordinaria “viveza” del susodicho Carlitos sospechamos que todo es un montaje para que se crea que fue asesinado y dejen de buscarlo quienes lo acusan de fraude, y las autoridades y que lo acusan de lavar dinero. En otras palabras, creo que no está muerto, sino es un “vivo” que quiere que se crea que está muerto para que lo dejen vivir tranquilamente. Para salir de dudas se debe hacer una prueba de ADN al cadáver decapitado y sin manos y después hacer un examen de sangre a sus dos hijos residentes en Estados Unidos.
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