¿Qué podrían representar estos juicios para sociedades destruidas como la nuestra?
Irmalicia Velásquez Nimatuj
Los tribunales de Nuremberg fueron intentos de castigar los crímenes que algunos de los nazis cometieron en la Segunda Guerra Mundial. Luego, estos permitieron la creación de Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos.
La importancia de esos tribunales no radica en los juicios en sí, sino en el impacto que tuvieron en el mundo y en su futuro, porque abrieron jurisprudencia para castigar atrocidades incomprensibles y horrendos crímenes contra la humanidad.
Algunas de las violaciones posteriores fueron resultado de conflictos internos de los países, en su mayoría, apoyados secretamente por Estados Unidos, que buscó evitar la expansión del comunismo.
Para el Estado de Guatemala la Guerra Fría implicó ejecutar un plan que acalló voces disidentes, aniquiló las demandas colectivas y cometió genocidio en contra del pueblo maya.
Hasta ahora, ninguno de los responsables ha sido llevado a los tribunales, porque el delito de genocidio no estaba tipificado y los responsables se han amparado en la irretroactividad de la ley.
Además, el sistema de justicia, ajeno a las víctimas y corrupto, ha sido incapaz de juzgar a los autores y cómplices de delitos de lesa humanidad.
Para quienes buscan erigir una convivencia equitativa la pregunta es: ¿Qué podrían representar estos juicios para sociedades destruidas como la nuestra? ¿Son estos juicios suficientes para curar las heridas, si finalmente los responsables son sentenciados? La respuesta como nación en proceso de reconstrucción, después de una devastadora guerra, es que estos juicios son los que tenemos la obligación de demandar después de atrocidades, depravaciones y crueldades que cometieron los gobiernos militares desde 1954, pero principalmente los de Fernando Lucas García y Efraín Ríos Montt.
De lo contrario, las heridas no podrán ser cerradas, curadas, olvidadas o desvanecidas. Estos juicios, de realizarse aquí o en tribunales internacionales, no serán gloriosos, aun cuando logren tener éxito, porque serán la marca que perpetuará la derrota grotesca que los precedió.
Y les recordará a los líderes e instituciones –nacionales o internacionales– que, teniendo la obligación de haber actuado para prevenir el genocidio y otros crímenes, no lo hicieron.
Hace una semana, la acción penal por los delitos que cometió Fernando Lucas García terminó por muerte del imputado.
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