Guatemala está como mandada a hacer para un sistema político descentralizado.
Rigoberto Juárez-Paz
Según informes de prensa, doña Rigoberta Menchú Tum ya se vislumbra como posible candidata para las elecciones presidenciales de 2011. Esto a nadie le habrá causado sorpresa. Ella es una persona inteligente que encarna tanto la cultura indígena nacional como la cultura occidental del mundo hispánico. Ella es, pues, una guatemalteca clásica, y todos los guatemaltecos, clásicos o no clásicos, podemos aspirar a tan honroso cargo. Además, ella ha recibido mucho reconocimiento internacional, aunque sea razonable poner en duda la justeza de dicho reconocimiento, ya que le otorgaron el Premio Nobel de la Paz por actividades que, según el sentido usual de los términos, son actividades bélicas y, además, creo que entonces ella no tenía otros méritos dignos de tan alta distinción.
Su posible candidatura presidencial ha llamado mi atención porque desde los años 80 del siglo pasado, pese a las limitaciones de mi formación profesional, he querido reconocer y celebrar los grandes méritos de nuestra cultura, es decir de la cultura guatemalteca, que es al cultura mestiza que, naturalmente, incluye la cultura indígena. Traté de exaltar, entre otras, la figura de Vucub-Caquix, concibiéndolo como el Prometeo americano y el indígena-símbolo del ansia de libertad de los guatemaltecos.
Desde 1992 (sin que la fecha tenga nada qué ver con el hecho de que ese fue el año que doña Rigoberta recibiera el Premio Nobel de la Paz), en más de una ocasión y en dos diarios, yo he sometido a la consideración de los ciudadanos que saben leer y escribir, una idea que, al igual que tantas otras ideas que se han propuesto, ha pasado inadvertida y que tampoco creo que tenga ninguna posibilidad de ser adoptada. En varias ocasiones le he hablado de dividir nuestro país en regiones autónomas, es decir en organizar nuestro país como una república federal. Y he insistido en que Guatemala está como mandada a hacer para un sistema político descentralizado. El carácter montañoso del territorio nacional y nuestra diversidad cultural aconsejan gobiernos autónomos regionales, electos por los habitantes de las diversas regiones y no nombrados por el gobierno central.
Ello ofrecería muchísimas más oportunidades de participación en la dirección política de la república a un mayor número de ciudadanos. Bajo ese sistema el país sería, pues, mucho más democrático. Además, si la corrupción gubernamental es un mal inevitable, en un tal régimen federal dicha corrupción estaría distribuida por todo el país, en vez de estar concentrada en al capital de la república.
Al igual que ahora, la ley suprema sería la Constitución Política de la República, pero una Constitución más liberal, breve y realista que la actual. Las diversas asambleas regionales podrían legislar todo aquello que fuera compatible con los preceptos constitucionales. El anuncio de la posible candidatura presidencial de doña Rigoberta no tomó, pues, de sorpresa a nadie que haya observado el panorama nacional, después de la firma de los Acuerdos de Paz (sigue).
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