Leí que en uno de nuestros medios de comunicación social se calificaba como “una vergüenza” la participación de Costa Rica en los juegos del Mundial. La verdad es que Costa Rica cayó en los tres partidos disputados pero lo hizo como caen los grandes y batiéndose de tú a tú con los mejores.
Perdió 4-2 frente a Alemania, país anfitrión y, al final del torneo, el tercero del mundo, en un juego inaugural que puso a Costa Rica ante los ojos de millones de personas a lo largo del mundo. Perdió 3-0 frente a Ecuador y 2-1 frente a Polonia.
Trinidad y Tobago –otro de los países de nuestro grupo regional- también hizo un buen papel, empató uno de sus partidos, 0-0 frente a Suecia, en 1956 subcampeón del mundo y perdió los otros, ambos por 2-0, frente a Inglaterra -campeón en su momento- y Paraguay. Nosotros ni siquiera llegamos al Mundial.
Otros países del área sufrieron auténticas humillaciones en mundiales anteriores como la sufrida por El Salvador frente a la Selección de Hungría. Nosotros que nunca hemos llegado a ninguno de los mundiales hemos sido humillados antes de llegar.
El fútbol está mal en Guatemala, tal y como lo está todo el deporte. La inversión se hace –este es el más absurdo de los absurdos- en lo más alto de una pirámide que carece de base de sustentación. Por eso es que toda la inversión se desmorona y que cuanto más dinero se pone en el asunto, mayor el despilfarro. ¿Sabía que no se hace el más mínimo esfuerzo por fortalecer el deporte en nuestros jóvenes y niños? ¿Dónde está el apoyo para el deporte en las escuelas? ¿Dónde las ligas infantiles? ¿Dónde los millones de millones que reciben las autoridades deportivas del presupuesto del Estado?
Nuestro futuro en todo el deporte, pero, muy especialmente, en el fútbol, es predecible: mientras sigamos haciendo lo mismo, tendremos los mismos resultados.Seguiremos teniendo figuras legendarias como Mateo Flores, Teodoro Palacios o Pin Plata y seguiremos teniendo también aislados y brillantes medallistas pero, como estos, quienes lleguen a surgir, no serán sino excepciones que confirmen la regla. Deportistas como los citados surgen de su propio esfuerzo sin respaldo alguno y, “a pesar” de las autoridades deportivas. A pesar de la corrupción que carcome las entrañas del deporte.
¿Vergüenza la de Costa Rica? ¡Por favor! La nuestra sí es vergüenza y, lo que es peor, a como vamos, la habrá de seguir siendo. Nada nos permite alentar la esperanza de una realidad distinta: seguimos haciendo lo mismo y tendremos los mismos resultados.
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