“Son los dolores de parto de un nuevo Medio Oriente”.
Gustavo Berganza
No pudo haber imagen más impactante y conmovedora que la de los socorristas libaneses colocando los cadáveres de una niña y un niño en el interior de una ambulancia en Qana. Y más cuando viene a la memoria la frase dicha por Condoleeza Rice, la secretaria de Estado norteamericana, para justificar la destrucción y muerte que han ocasionado los bombardeos israelíes: “Son los dolores de parto de un nuevo Medio Oriente”. Más que acelerar el alumbramiento de una realidad superior, lo que este tipo de ataques promueven es el empantanamiento en la más abyecta de las violencias.
Dicen que Rice se enteró del trágico saldo del ataque israelí mientras se encontraba reunida con el primer ministro israelí, Ehud Olmert. Y a pesar de que, aparentemente, se sintió afectada al conocer los niveles de mortandad y destrucción que ocasionaron los bombardeos israelíes de la medianoche del domingo, no tuvo los arrestos para exigirle a Olmert el cese inmediato de los ataques.
En este drama, en el que los israelíes todavía pretenden presentarse como víctimas, le agrega insulto a la injuria el boletín oficial en el que Olmert afirma haberle comunicado a Rice que Israel todavía necesita entre 10 y 14 días más para cumplir con los propósitos que guían esta campaña. Una afirmación así, según dijo un funcionario del Departamento de Estado al New York Times, nunca se habría divulgado sin la aquiescencia del presidente estadounidense George W. Bush y la aprobación de Rice.
¿Se imaginan ustedes cómo va a quedar Líbano luego de dos semanas bombardeos que anidan en casas particulares, edificios de apartamentos, escuelas, hospitales, y de bombardeos que destruyen carreteras, puentes y plantas de agua potable? ¿Cuántos centenares de drusos, maronitas, musulmanes chiitas y suníes deberán morir para que Estados Unidos le ponga el bozal a ese pitt bull asesino en que se ha transfigurado Israel?
El domingo fueron 60 los muertos en Líbano, mayoritariamente mujeres y niños. Los israelíes dicen que ellos previenen a las poblaciones antes de iniciar los ataques, para que los civiles busquen refugio. Pero ¿adónde iban a ir estas familias de artesanos, agricultores y pastores, si un taxi les cobraba US$1,000 por llevarlos hacia el norte? Y luego, si se marchan, de todos modos corren el riesgo de morir porque los israelíes no tienen empacho en atacar convoyes de refugiados e, incluso, ambulancias.
Israel tiene todo el derecho de intentar reducir a su mínima expresión a Hezbollah. Y para eso puede utilizar el enorme peso de su padrino, Estados Unidos. Pero hacerlo, de esta manera, a costa de la muerte de niños y mujeres, eso raya en el asesinato.
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