El acto de “Reconocimiento de la responsabilidad institucional del Estado en la ejecución extrajudicial y denegación de justicia a la antropóloga Myrna Mack Chang”, estuvo cargado de discursos, pero tras 14 años de largas jornadas en los juzgados, la intervención de Lucrecia Hernández Mack reveló el aspecto humano del proceso, el de la hija que perdió a su madre.
Entre sollozos, la hija de la antropóloga recordó el dolor que les causaban las barreras judiciales que encontraron para esclarecer el crimen. “Cuando pedimos justicia, nos escupen en la cara que lo que queríamos era venganza”, dijo. Sus palabras arrancaron aplausos y lágrimas a los más de 300 asistentes al acto.
También intervino Santiago Cantón, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; el arzobispo de Quiché, Julio Cabrera; Helen Mack; el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Carrillo; Rolando Morales, presidente del Congreso, y el presidente Óscar Berger.
“En nombre del Estado, pido perdón a la familia Mack Chang y al pueblo de Guatemala por el asesinato de la joven antropóloga”, sentenció Berger. Antes comprometió al Organismo Ejecutivo y al Judicial a proponer ante el Congreso iniciativas que permitan mayor certeza y agilidad en la aplicación de justicia.
Myrna Mack fue asesinada el 11 de septiembre de 1990 por el especialista del Ejército, Noel de Jesús Beteta, bajo las órdenes del Estado Mayor Presidencial (EMP).
El acto de ayer se derivó de un dictamen emitido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 25 de noviembre de 2003, en el que insta al Estado guatemalteco a reconocer institucionalmente el crimen.
Previo al acto, se realizó una misa en la Catedral metropolitana celebrada por el sacerdote Ricardo Falla, quien recordó el trabajo de Myrna Mack con las comunidades de Quiché y por el cual fue asesinada.
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