Emitir un voto sobre una persona es siempre delicado.
Gonzalo De Villa
MISIÓN CUMPLIDA
Esta semana fueron entregadas las listas de las dos Comisiones de Postulación al Congreso de la República. Puedo hablar mucho más desde mi experiencia como presidente de la Comisión de Postulación de Cortes de Apelaciones. El trabajo de la Comisión fue arduo. Se dedicaron muchas horas de trabajo, completamente ad honórem, por parte de todos los integrantes de la Comisión para realizar un trabajo al cual se le quiso imprimir seriedad, objetividad, obtención lo más exhaustiva posible de la información pública y oficial sobre los candidatos y, con mayor rigor, en las etapas finales.
Aunque hubo a quienes les disgustó el hecho y así lo han expresado en algunos casos en los medios de comunicación, se recibió correspondencia con señalamientos por parte de diferentes instancias. En algunos casos representaban a instituciones, en otras, a generadores de opinión, y en otras eran opiniones más o menos particulares de personas o grupos de personas. Todas las informaciones u opiniones firmadas fueron aceptadas y consideradas. Pero, obviamente, cada integrante de la Comisión decidía, en conciencia, cuánto peso le iba a otorgar a esas informaciones, especialmente las que no eran de carácter oficial.
A la hora de emitir votos se decidió hacerlo de manera pública al interior de la Comisión, de modo que todos supimos quién en cada momento votaba o no a favor de cada uno de los candidatos. En nuestra Comisión nos tocó evaluar 722 expedientes de profesionales para poder, al final, entregar una lista de 144 al Congreso de la República. Hubo, sin duda, algunos momentos de tensión y hubo discusiones más prolongadas sobre algunos candidatos.
La lista entregada refleja, finalmente, el parecer unánime de todos los miembros de la Comisión. Actuamos en conformidad con la información con la que contábamos en cada momento. Hay informaciones y opiniones vertidas recientemente en los medios a las que no tuvimos acceso los miembros de la Comisión mientras estuvimos haciendo nuestra labor. Su justeza es, a efectos de la Comisión, estrictamente extemporánea.
Emitir un voto sobre una persona es siempre algo delicado. Cada quien creo que lo hizo en conciencia conforme a sus propios criterios y buen juicio. No todos pensábamos lo mismo ni valorábamos de la misma manera a cada persona. Para eso es que está entonces previsto el mecanismo constitucional del voto y de la necesidad de que los que entraran en la lista final debían contar con, al menos, dos tercios de los votos.
Las declaraciones en distintos momentos del movimiento pro justicia y su entorno mediático tuvieron su peso e hicieron mella, pero ciertamente no de manera unidireccional. Hubo a quienes dentro de la Comisión lo expresado por esa instancia les generaba más anticuerpos que simpatías. Pero así ocurre casi siempre con los grupos de presión, cualesquiera que sea su naturaleza. Como Comisión podemos decir, al final de la jornada: misión cumplida.
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