La Guatemala en la que anhelamos vivir y deseamos heredar.
Roberto Moreno Godoy
Había una vez una tierra de oportunidades. Un lugar de árboles, con una belleza natural inigualable y con un patrimonio cultural impresionante. Una nación con una historia fascinante, con un paisaje espectacular, con una diversidad de recursos naturales de las más importantes del mundo y con una gran riqueza cultural. Una sociedad plural, un crisol en donde se funden los idiomas, colores, raíces, valores, tradiciones y sueños de más de 20 grupos étnicos. Un país con un gran potencial, de gente buena, de personas emprendedoras, hospitalarias, estoicas, solidarias y bien intencionadas. Una sociedad con ilusión y futuro, de millones de caras jóvenes. Un país con los requisitos y condiciones que sustentan el desarrollo de los pueblos. Una nación que festeja sus 183 años de independencia.
Había una vez un país de gente pobre, con una de las tasas de analfabetismo más altas de Latinoamérica, con muchos niños y jóvenes desnutridos y con índices de mortalidad y morbilidad infantil preocupantes. Una nación deforestada, con un acelerado proceso de deterioro de sus recursos naturales y con demasiadas especies en peligro de extinción. Una sociedad sin igualdad de oportunidades, marcada por una silenciosa y arraigada discriminación. Un país con una frágil e incipiente democracia cuya evolución quedó suspendida en el tiempo, apenas emergiendo de una guerra interna que la desgarró por cuatro décadas. Un país arrinconado por una aguda crisis de corrupción e inseguridad. Una nación supeditada a las decisiones y destinos de otros, con dificultades para enfrentar los retos de un mundo globalizado y competitivo, que, en los albures del siglo XXI, festeja sus 183 años de independencia.
Había una vez una tierra de luces y sombras. Un suelo en donde coexisten dos realidades diferentes y contradictorias. Una sociedad con grandes potencialidades, buscando con dificultad la ruta del desarrollo y de la reconciliación. Este mes celebramos su independencia. La ocasión es propicia para reflexionar sobre la Guatemala en que anhelamos vivir y la que deseamos heredar a nuestros hijos y nietos. No existe tal disyuntiva. La respuesta es obvia.
¡Habrá una vez una Guatemala independiente! Una nación educada, justa, solidaria y pujante, en donde todos sus hijos tendrán la oportunidad de crecer y desarrollarse, animados por la búsqueda del bien común. Una genuina sociedad libre y respetuosa, reafirmada en su diversidad natural y cultural, en donde todos luzcamos con orgullo nuestra nacionalidad.
Hago mías las palabras de Juan Pedro Fonseca, presidente de la Asociación de Estudiantes de la UVG, que en alusión a la celebración de la Independencia nacional, señaló: “Reflexionemos. Hagamos todos lo que nos corresponde hacer y más, y hagámoslo bien. No nos conformemos con lo fácil, con lo que sólo a nosotros nos beneficia. Cumplamos con la tarea que nos ha sido heredada de alcanzar un sueño que empezó un día como hoy, hace muchos años.” ¡Feliz aniversario, Guatemala!
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