El Amparo II es un asentamiento situado en la zona 7. Se asemeja a un laberinto de estrechas calles. Ayer a las 12:00, los vecinos de la 40 calle y 31 avenida escucharon una detonación seca. Una pequeña multitud se formó alrededor del cuerpo que los socorristas se apresuraron a cubrir con una manta.
Para cuando el fiscal pidió que descubrieran el cuerpo, el área estaba ya acordonada y algunos vecinos se asomaban a las ventanas o sacaban sillas a las puertas para presenciar el tétrico espectáculo.
“Es otro pandillero”, comentaron con indiferencia las autoridades, mientras los fiscales examinaban el cuerpo de Denis Estuardo Castellanos. “Fue una bala en el cráneo”, añadió Marco Antonio Argueta, de los Bomberos Voluntarios.
La muerte de Castellanos ocurrió una hora después de la del ex pandillero Héctor Rolando Velásquez, en la 23 avenida y 6a. calle de la colonia Villalobos, zona 12, quien murió después del haber recibido disparos en el cráneo y el tórax.
“Así mueren los traidores”, advertía el cartel sobre el cuerpo tatuado de Luis Ernesto Durán, de 23 años, hallado en Ciudad del Sol, zona 4, Villa Nueva, durante las primeras horas de la mañana.
Estos crímenes ocurren después del hallazgo del viernes 14: seis personas asesinadas en una cueva en El Campanero, Mixco, de quienes se sospecha estaban involucradas en robo de vehículos o distribución de drogas. La hipótesis, de acuerdo con el vocero de la Policía Nacional Civil, Carlos Caljú, es la misma: se trata de un ajuste de cuentas.
¿PUGNAS O LIMPIEZA SOCIAL?
Activistas humanitarios como Mario Polanco, del Grupo de Apoyo Mutuo, califican de “limpieza social”, la escalada de violencia hacia personas supuestamente vinculadas a la delincuencia.
Para el comisionado presidencial de Derechos Humanos, Frank La Rue, las muertes reportadas son indicios de la actividad del crimen organizado y del narcotráfico en el país. “El crimen organizado usa pandillas como órganos operativos”, dijo.
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