Víctor Borge –consultor costarricense que elaboró La Encuesta publicada por el- Periódico la semana pasada– estima que aunque tiene un mal comienzo, la administración de la Gana aún puede repuntar, si se apoya en la simpatía y carisma de Óscar Berger.
Asegura que aquí el principal problema de los primeros meses es definir prioridades y hacer equipos.
¿Es correcta la impresión de que el gobierno salió bien después de su primer año?
– Depende. Si tomamos en cuenta que en diciembre pasado la gran mayoría quería que el gobierno se fuera y pensaba que era malo, tener apenas un 17 por ciento que cree que estamos mejor, no es tan bueno. Sin embargo, aún la gran mayoría le da el beneficio de la duda a Berger, que sigue siendo bien calificado; la gente confía en él.
¿Alguna vez un gobierno repunta en el segundo año?
– Arzú mejoró; subió un poco en el segundo año. Sí hay experiencias de gobiernos que mejoran en el segundo. Sobre todo en casos como Guatemala, que en el primer año tienen problema para definir prioridades y hacer equipos.
¿Hay esperanza?
– Hay esperanza porque confían en el Presidente. Otra cosa que debe tenerse en cuenta es que el 50 por ciento dice que hay que darle tiempo al gobierno.
Un reto bastante fuerte…
– Sobre todo porque en Guatemala hay cosas que no se han resuelto durante un siglo. Los gobiernos tienen temor de entrarle al tema de la tierra, la discriminación y la debilidad institucional. Los gobiernos intentan apenas administrar la crisis y aguantar el período. Por eso salen mal los gobiernos y desaparecen los partidos.
Pero, dentro de todo, la Gana sale bien, con un 18 por ciento…
– Si salir bien es tener un 18…
Tiene un 35 por ciento de simpatía y es el más alto en ese renglón, después de todo…
– Eso es porque cerca de la mitad de la gente no tiene partido. Lo que queda para repartirse es muy grande y cualquier candidato puede saltarse ese 18 por ciento en campaña fácilmente.
¿Qué nos demuestran los datos al final de cuentas?
–Un descenso importante del resultado de las elecciones. Berger ganó con un 54 por ciento y cayó la Gana. Colom también cae.
Hablemos de Colom. Es el que más intención de voto tiene…
–El único. Aparte de Berger, que no puede competir, Colom es el único que tiene una votación significativa y supera el 3.5 por ciento que hay de margen de error. Es decir, Álvaro Arzú, con 1.8 por ciento puede estar fácilmente en 0.5 o en 4.
Una constante en la encuesta es la diferencia que hay entre simpatía e intención de voto. La Gana, por ejemplo, tiene buen nivel de simpatía, pero apenas un 1.6 por ciento de intención de voto. ¿Por qué?
– Pasa que la Gana no tiene candidato. Es la diferencia con Colom y la UNE. Lo natural será que cuando haya un candidato, la intención de voto de Eduardo González, Luis Flores, Berger y los demás se pase al partido. De cualquier forma, es muy pronto para hablar de eso.
Más de la mitad de la población piensa que es politiquería la acusación que se hace a Colom de haber recibido fondos del FRG. ¿Tendrá efecto en el largo plazo?
– Posiblemente tendrá un efecto, pero no parece ser dramático. La acusación de los dos homicidios contra Alfonso Portillo fue más creída y divulgada entre la gente, pero no fue tomada en cuenta para la intención de voto. Efraín Ríos Montt tiene una cola enorme y en las primeras dos elecciones la gente no tomó eso en cuenta.
Rigoberta Menchú tiene una gran brecha entre su 44 por ciento de simpatía y menos de 2 por ciento de intención de voto…
– A ella le pasa que no es candidata. Hubo una pregunta que se hizo sólo para Colom, cuando se pregunta si votarían alguna vez o nunca considerarían votar por él. Allí salió bastante bien. De haber hecho la misma pregunta deberíamos esperar un resultado similar para ella.
¿Se puede hablar de ese “voto vergonzante” para Ríos Montt?
– No. A él se le pasó la hora. La gente sabe que son muchos los años y los que le apoyan mantienen un apoyo de “me cae bien, lástima que no fue Presidente”. Pero ya en la elección de 2003 era claro que no era viable como candidato. El voto vergonzante no existe.
Si se mide por las preocupaciones –desempleo, pobreza, seguridad– es la misma Guatemala de hace 2, 4 o 6 años…
– Los retos de fondo nunca son tocados. Nunca se llega con suficiente apoyo parlamentario para reformar el Estado. La institucionalidad está mal hecha.
¿Es por ello que la mitad de la gente piensa que las cosas van en la dirección equivocada?
– Sí. Porque si evaluamos el rumbo general del país, en la administración cotidiana Berger es bueno y sale bien. Para pagar sueldos y mandar a la Policía a una población determinada sí sirve. Pero si de los temas de fondo se trata, si hablamos del “rumbo del país”, la cosa va mal.
La gente no hace énfasis en los defectos de Berger, pero tampoco en sus virtudes. ¿Es alguien que no genera pasiones?
– Es alguien con credibilidad y que cae bien. Debería poder usar ese capital político para concretar los proyectos de gobierno.
Eduardo González, el supuesto delfín de la Gana, no pasa del 7 por ciento de la simpatía popular. ¿Es que no lo conocen o que lo conocen y no cae bien? ¿Debe preocuparse?
–No es buen síntoma. No ha logrado que la gente lo conozca. Tiene que posicionarse como alguien eficiente. Tiene tres años de intensa actividad política y sigue siendo desconocido. El 80 por ciento no sabe quién es. Algo está haciendo mal en cuanto a la divulgación de su imagen.
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