En sus más recientes declaraciones, el cardenal Rodolfo Quezada Toruño se ha referido a su postura frente a la minería de cielo abierto y, sobre todo, a la política y actitud del Ejecutivo sobre esa actividad económica, como una “opinión personal”. Sus palabras han sido ríspidas, por decir algo. Sin embargo eso podría cambiar en breve.
No es que se prevea que el cardenal se vaya a convertir en un defensor de esa actividad industrial, ni mucho menos. En cambio, las “opiniones personales” podrían convertirse en una opinión de la Conferencia Episcopal de Guatemala. O, por el contrario, puede que decidan dejarlo de lado.
Los obispos tendrá su reunión semestral a partir de la próxima semana y en ella, es seguro, se tomará una decisión sobre el tema.
CUESTIÓN DE FONDO
De por qué esta administración no ha sabido llevarse con la jerarquía de la Iglesia católica, o al revés –según se mire– hay varias opiniones.
Según Édgar Gutiérrez, analista político, buena parte del pleito proviene de que la Iglesia percibe que el Ejecutivo impulsa un modelo económico que no concilia crecimiento con desarrollo.
El también analista Gustavo Porras explica que “monseñor Álvaro Ramazzini juega su papel de genuino pastor de su iglesia en San Marcos y recoge el sentimiento de tantísimos guatemaltecos que no queremos saber nada de la minería en nuestro país”.
La actitud del presidente Óscar Berger, que ayer insinuó que entre la anterior administración y el obispo Ramazzini “se movieron engranajes”, no ha hecho sino abonar la disputa.
“Monseñor Quezada demuestra la solidaridad con un compañero obispo… y después que se dicen esas cosas, pues es lógico que se cierren filas entre personas que desempeñan cargos episcopales en la Iglesia”, explica Carlos Escobar Armas, ex embajador en el Vaticano. Además, dice, “en este momento, la Conferencia Episcopal quiere mostrar unidad interna”.
A esto añade Gutiérrez, quien coordinó la elaboración del Informe Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, que “monseñor Quezada es un obispo con mucho sentido del ‘espíritu de cuerpo’”.
A FALTA DE PARTIDOS…
Lo busque o no, la Iglesia tiene el protagonismo. El más reciente intercambio de declaraciones no es sino uno de los picos de una confrontación que se puede rastrear a octubre pasado, cuando en Nueva York Berger llamó populistas a los obispos ante una audiencia de inversionistas internacionales.
Gutiérrez explica que se ha dado tanta difusión al involucramiento de estos obispos, puesto que “los partidos políticos no tienen posición definida sobre el tema y los grupos que tienen opinión no tienen la relevancia de la Iglesia cuando se pronuncia”.
Según Porras, el gobierno no ha sabido relacionarse con un interlocutor tan importante como la Iglesia. “Ellos tienen funcionarios de muy alto nivel que conocen la dinámica interna de la Conferencia Episcopal”, añade Gutiérrez al referirse a lo inexplicable de la falta de comunicación fluida entre uno y otro sector.
Dennis Smith, del Centro de Estudios Evangélicos para Centroamérica, explica que el protagonismo que ha cobrado la Iglesia se debe a que Quezada “es un político de hueso colorado”, al referirse a la vasta experiencia del obispo.
Según Smith, la Iglesia estaría buscando retomar su protagonismo a través de incidir en temas como la distribución de la tierra o la inversión en minería.
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