El 16 de febrero entra en vigencia el Protocolo de Kyoto. ¿Qué puede significar esta fecha?
– El Protocolo de Kyoto fue aprobado en 1997, en Japón. En ese entonces, los países acordaron obligarse a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Se distinguen dos tipos de países: los llamados “no anexo 1” y los “anexo 1”. Guatemala pertenece al primer grupo. Los del segundo están obligados a reducir sus emisiones de gas de efecto invernadero –dióxido de carbono, metano y óxido nitroso– y tres gases industriales –hexafluoruro de carbono, perfluoruro de carbono y hexafluoruro de azufre–.
Para que el Protocolo de Kyoto entrara en vigor se acordaron dos condiciones: que lo ratificaran al menos 55 países y que sus emisiones fueran al menos el 55 por ciento del total global. Ello, con el compromiso de Rusia, ya se cumplió.
En muchos casos, hubo firma, pero no ratificación...
– Como el caso de Estados Unidos. El gobierno de Bill Clinton lo firmó, pero el Congreso, bajo la administración de George W. Bush, no lo ha ratificado. De todos los países que firmaron la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático –la madre del Protocolo de Kyoto– sólo Australia y Estados Unidos, entre los emisores importantes, no lo han ratificado.
¿Qué puede esperar el mundo desde este miércoles?
– La entrada en vigor del Protocolo de Kyoto representa un primer paso. Su firma es voluntaria, nadie obliga a un país a comprometerse y el nivel de reducción determinado no es altamente significativo para reducir el problema del calentamiento global.
¿Cuáles son los principales efectos documentados que tienen las emisiones de los gases de efecto invernadero? Muchos críticos dicen que éstos se han exagerado...
– La temperatura promedio de la superficie de la Tierra ha aumentado 1 grado centígrado en los últimos 150 años. Esto podría parecer poco, pero cuando se toma en cuenta que la última edad de hielo fue hace 20 mil años, la tasa de cambio es significativa. En esa época, la temperatura era 5 grados centígrados más fría. En otras palabras, pasaron 20 mil años para descender 5 grados y tan sólo 150 para subir un grado en la temperatura.
Y estos cambios están asociados con la industrialización...
– Sí, podrían asociarse con el surgimiento de la Revolución Industrial. Los estudios que se han hecho en el llamado “Panel Gubernamental de Cambio Climático”, donde están representados científicos y técnicos del mundo, han comprobado que existe una concentración de gases de efecto invernadero.
Al transportarnos, al cocinar, al quemar combustibles, en los procesos industriales, al deforestar, al usar algunos fertilizantes, aumentamos la capacidad de la Tierra de absorber calor. Entonces, el planeta pretende alcanzar un equilibrio y ello conlleva una elevación de temperatura. Sus efectos incluyen que se derritan casquetes polares y que tanto especies animales como vegetales cambien su comportamiento.
¿Se corre el riesgo de que se extingan algunas especies?
– A largo plazo, sí; quienes no puedan adaptarse corren el riesgo de desaparecer. En Guatemala, de continuar el proceso de calentamiento, podrían verse afectados ríos y bosques, y con ello, cultivos.
¿Quién supervisará que los países cumplan con lo prometido y reduzcan sus emisiones? ¿Pueden recibir sanciones?
– En la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se establecieron los compromisos de cada país. Existe una tabla en donde está establecido en cuánto deben reducir sus emisiones. La Secretaría de la Convención recibe los datos, aunque no se han establecido sanciones, pero está difícil que un país se comprometa para luego no cumplir. Estaría señalado por la opinión pública.
¿Y si resulta muy caro? Uno de los argumentos esgrimidos por Estados Unidos es que ratificar el Protocolo de Kyoto resulta una carga intolerable para su economía. Otra era que la evidencia científica empleada es muy pobre.
– Es importante aclarar que no existe evidencia científica de un cambio climático, pero sí de un calentamiento global. Y en la Cumbre de la Tierra de 1992 se acordó adoptar un ciclo de precaución. Ello significa que si no tenemos certeza de que algo pueda dañar el ambiente, debemos asumir que es posible que pueda hacerlo. En el caso de los costos, cada país ha hecho sus propios estudios. Algunos países europeos han adoptado políticas de protección de medio ambiente desde hace mucho, y por ello hoy es más barato.
En el caso de Estados Unidos, se ha calculado que reducir las emisiones puede costar entre US$20 y US$200 por tonelada. Pero existen mecanismos de flexibilidad, facilidades que se dan a los países como intercambio de emisiones o mecanismos de desarrollo limpio. En otras palabras, los países pueden comprar parte de las reducciones que tienen que hacer a otros países.
Guatemala, entonces, podría verse beneficiado.
– Sí, este país por tener una cobertura boscosa relativamente grande absorbe estos gases y, por ello, no estamos obligados a reducir emisiones, somos parte de la solución.
Guatemala, por ende, ofrece una magnífica oportunidad para ser país huésped de proyectos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Existen el mercado de carbono y el mercado de mecanismos de desarrollo limpio.
El país, a través de actividades energéticas, podría vender certificados de carbono. Ejemplo: un país que sí tiene compromiso de reducir invierte en un proyecto de eficiencia energética y recibe créditos a su favor.
¿Qué tipo de proyectos podría interesar a estos países?
– Desarrollo de proyectos geotérmicos, por ejemplo. El costo para el país no existe, pues se está aprovechando el interés de otro país por recibir créditos a su favor en la reducción de emisiones.
¿Se han establecido contactos con países que podrían estar interesados en ello?
– En Guatemala existe la Oficina de Comunicación Conjunta y se trabaja en la creación de la Autoridad Nacional Designada para el Protocolo de Kyoto, y ellos buscarían estas alternativas.
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