La intervención a la Federación de Fútbol es el acto final a una serie de hechos que habían llevado a la inhabilitación de Mauricio Caballeros como presidente de la entidad, con lo que se demostró que en la entidad era él y nadie más, porque no hubo una persona de nombre importante que lo pudiera suceder en el puesto.
Los malos manejos descritos en la administración de Caballeros no son más que la punta del iceberg de lo que realmente ocurrió en el fútbol, en donde los dirigentes se crearon una animadversión general con su polémica decisión de colocar de seleccionador a Víctor Aguado.
¿Y ahora qué?
Debemos empezar con dejar claro de que el perfil del interventor escogido por la Confede no fue el ideal. Emilio Faillace fue futbolista, ese es un punto a favor suyo, aunque tendrá que recordarse que nunca fue destacado en un equipo grande del medio, y que si bien es cierto que integró el Municipal de 1977, como algunos lo presentan oficiosamente, también se debe decir que era el tercer arquero.
Como entrenador fracasó cuando Comunicaciones le dio la gran oportunidad, por lo que tuvo que regresar a su natal Puerto Barrios, en donde realiza un trabajo de ligas menores con el apoyo de la Confede.
Antes había sido ayudante de Dragoslav Sekularac en la selección premundialista de 1986, experiencia de la que no sacó rédito porque después dirigió muy poco.
No hay dudas que los méritos son escasos y que tener una escuela de jóvenes no es una excusa para confiarle a alguien la cacaraqueada reestructuración del fútbol.
Emilio Faillace ha comenzado a hablar de “métodos científicos”, a insistir en que abundan los técnicos nacionales capaces (¿cuántos y quienes?, porque a mí la cuenta no me pasa de dos) y que va a cimentar las bases para el futuro del balompié nacional.
Cuando se produjo la intervención, el gerente de la Confede fue enfático al decir que la comisión debería estar en su puesto durante unos dos meses. Hace poco, Faillace dijo que no menos de seis, si es que existen las bases del desarrollo del fútbol nacional y que si no existen, se tardarán más.
Al interventor deben explicarle que su función es solo normalizar la situación del balompié, que no fue elegido por nadie para ocupar el puesto y que por lo tanto NO tiene derecho de estar hablando de cimentar bases para el futuro del fútbol nacional, porque esa es misión que debe ser asumida por un Comité Ejecutivo legalmente electo, por lo que su obligación debe consistir en convocar al proceso eleccionario en un plazo de dos meses, tal como lo ordernó la Confede.
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