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Guatemala, lunes 13 de febrero de 2012

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Actualidad: Edición Dominical

Cómo cayó Byron Berganza “Si te equivocas, es tu problema.“

Las circunstancias de la captura de Byron Berganza, a quien la Policía guatemalteca identificaba como uno de los líderes de la organización de narcotráfico en Zacapa...

CLAUDIA MÉNDEZ ARRIAZA

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La mañana del 11 de septiembre de 2003, Byron Berganza viajaba en un vehículo conducido por agentes de la Policía salvadoreña. Con las manos esposadas, detenido desde el día anterior en la frontera Guatemala-El Salvador, Berganza pensaba que toda esa situación se trataba de un secuestro. Los policías, mientras conducían, le explicaban que en unos momentos llegarían a la frontera, que allí podría usar el teléfono y contactar a su familia para que llegaran a traerlo.

En su testimonio sobre esos hechos, Berganza contó que él conocía bien las rutas de El Salvador, sabía que el camino que los policías tomaban era en dirección al aeropuerto salvadoreño: “Se salieron del camino y pararon en una gasolinera y, para mi sorpresa, agentes de la DEA (Agencia Antinarcótica de EE.UU.) estaban allí. Me entregaron a ellos y me dijeron que yo tenía una orden de arresto en Estados Unidos.”

Los agentes federales lo recibieron, le esposaron los tobillos, y le informaron que en esos momentos, un avión salía desde Estados Unidos hacia El Salvador para recogerlo y trasladarlo directamente a Nueva York, donde se encuentra detenido desde entonces. Hoy, sólo espera a que una juez fije fecha para su juicio: el Gobierno de Estados Unidos le acusa por tráfico, almacenamiento, exportación e importación de drogas.

Pasos en el borde

Los reportes que la DEA ha remitido como evidencia al proceso 03cr987, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, revelan que días antes de la detención de Berganza, la agencia seguía investigaciones secretas paralelas en Nueva York y San Salvador.

La evidencia registrada en este proceso bajo el código 3500H-5 detalla que a través de las comunicaciones telefónicas que Berganza sostenía con una persona en San Salvador, la DEA se enteró de que él viajaría de Guatemala a El Salvador para discutir detalles del embarque de 500 kilos de cocaína. Solo años después se supo que esa persona era José Armando Llort Quiteño, ex presidente del Crédito Hipotecario Nacional (CHN), ahora testigo protegido de este caso.

“Basados en la información”, dice ese documento, “se envió una solicitud a las autoridades de El Salvador para que se expulsara a Berganza a Estados Unidos o, si no era posible, que se le arrestara provisionalmente con propósitos de extradición”.

Fue posible y, en realidad, sencillo: el 10 de septiembre, Berganza fue detenido en la provincia de San Cristóbal, El Salvador, cuando cruzaba ilegalmente la frontera. Los policías pidieron documentos de identificación que él no portaba, bajo este pretexto le arrestaron. Mientras, en Washington D.C., jefes de alto nivel de la DEA coordinaban el traslado de un avión de la Administración Federal de Aviación (FAA) hacia El Salvador. Un día después, Berganza, esposado de pies y manos, voló hacia Estados Unidos.

Una serie de dudas quedaron en el aire después de ese abrupto y secreto despegue. Los medios guatemaltecos dieron cuenta de su arresto cuatro meses después, en enero de 2004, cuando de súbito apareció su registro como prisionero en Estados Unidos. La noticia generó diversas historias sobre su arresto: Otto Pérez Molina, comisionado de Seguridad en ese entonces, contó que un operativo de fuerzas policíacas en El Naranjo, Petén, había permitido la captura de Berganza; las notas de prensa relataban que fuerzas especiales estadounidenses se habían desplazado a la selva petenera para atraparlo; fiscales y jueces contaban dramáticas historias sobre gringos irrumpiendo en una fortaleza de oriente para atraparlo.

La Embajada de Estados Unidos reaccionó con un comunicado que rechazó de tajo la participación de ese país en la captura: “Ningún tipo de ‘fuerzas especiales’ estuvieron involucradas en la supuesta captura de Byron Berganza…”, declaró la misión diplomática.

Pero la audiencia celebrada en junio pasado en la Corte de la juez Deborah Batts, en Nueva York, ha develado ya los detalles minuciosos del operativo de la DEA en esa detención. Más que eso: los testimonios del propio acusado y de un agente de la DEA han aclarado la confusión que generó la llamada que Berganza hizo antes de subirse al avión que lo trasladó a Estados Unidos.

“Chapito”, desde el inframundo

La audiencia, además de reveladora, estuvo cargada con discusiones que enfrascaron poco más de una hora a los abogados que debatían sobre las figuras jurídicas que explican mejor las relaciones de Berganza y la DEA.
David Zapp, defensor de Berganza; Anirudh Bansal, fiscal del caso, y la juez Batts, se valieron de la metáfora del hombre mordiendo dos veces la manzana prohibida. El hombre, en su discusión, era Berganza; la fruta, el tráfico de cocaína. Un poco de más imaginación y uno puede completar el cuadro: Dios era la DEA.

A mediados de los 90, Berganza atravesaba momentos difíciles. El 26 de julio de 1996, la Policía encontró en la finca Guacamayo, en Izabal, propiedad de Berganza, una avioneta accidentada con 359 kilos de cocaína. Un juzgado de Izabal abrió una causa en su contra; el fiscal Bansal explicó a la juez que, en efecto, ese año también el Gobierno de Estados Unidos cargó una acusación contra Berganza por delitos de narcotráfico.
Su situación cambió radicalmente el día que un informante se acercó a él y le dijo que la DEA quería hablarle. Berganza le pidió al informante que le asegurara que no corría riesgos al llegar con ellos. “Se arregló una reunión, los agentes rentaron una habitación en un hotel en Guatemala y así fue como nos reunimos la primera vez”, relató Berganza.

Los agentes le explicaron que Estados Unidos había emitido ya una orden de captura en su contra. “Me dijeron que si yo quería colaborar, ellos podían encargarse de esa situación con la Fiscalía, en Nueva York. Les dije: ‘Yo tengo cierto conocimiento sobre traficantes de drogas, colombianos y guatemaltecos’. Les dije que podíamos llegar a un acuerdo”, agregó Berganza ante Batts.

Ocho días después de esa reunión, lo citaron de nuevo. Berganza contó que en esta segunda ocasión, los mismos agentes le indicaron que usaría el nombre de Chapito en todas sus comunicaciones. Chapito, como Chapo, el narcotraficante mexicano, pero en diminutivo.

El agente Rafael García fue delegado de la DEA en Guatemala durante esa época. García fue citado a declarar ante la juez porque fue la persona que sostuvo relaciones directas y cercanas con Chapito como informante durante cinco años.

En sus declaraciones ante la Corte, García reveló que Berganza jugó roles activos en el decomiso de grandes cargamentos de cocaína entre 1996 y 2001. Entre ellos el decomiso de un cargamento de una tonelada que viajaba de Colombia a Guatemala en 1997. Meses más tarde, la DEA logró, a través de la misma información proporcionada por Berganza, capturar una lancha cargada con 1.3 toneladas de cocaína.

Con la droga incautada, la DEA organizó una distribución controlada a traficantes locales, que Berganza señalaba. Este operativo les permitió conocer las organizaciones y sus cabecillas. García aseguró que Berganza entregó a integrantes de su propia organización, tanto guatemaltecos como colombianos que trabajaban con él. Ningún esfuerzo de captura ni extradición se enmendó contra Berganza durante ese período. El caso por la avioneta hallada en su finca se clausuró por falta de pruebas.

En septiembre de 2003, cuando Berganza fue capturado en El Salvador, lo primero que explicó a los agentes captores fue que él era un colaborador de la DEA. Él proporcionó el nombre del agente García, a quien sus captores llamaron por teléfono.

Berganza contó que la conversación entre él y García fue de la siguiente forma:

–¿Qué pasa? -preguntó Berganza.

–Lo que pasa es que tienes un problema. -contestó el agente García.

–¿No vas a abandonarme a estas alturas?

–No, Chapito, no, pero sé inteligente y coopera con los agentes que están allí.

El defensor de Berganza argumentó ante la Corte que, en ese momento, después de hablar con García, Berganza se incriminó en la transacción de 500 kilos de cocaína, creyendo que a cambio de su colaboración recibiría el mismo trato que había recibido en 1996.

El fiscal Bansal, a propósito de esa tesis, le preguntó a García si podía recordarle cuál había sido el término del arreglo entre la DEA y Berganza en 1996. “En términos generales, que si alguna vez era arrestado por actividades de narcotráfico, nosotros no estaríamos en posición de ayudarlo”, contestó el agente.
El punto es El Salvador

Una de las preguntas que se repitió durante los interrogatorios en la Corte de Nueva York fue sobre los motivos que un narcotraficante tendría para colaborar con la DEA. El agente García explicó lo siguiente: “En mi experiencia, muchas veces ellos vienen a nosotros para averiguar si son buscados. Y si son buscados, ellos quieren que tomemos su colaboración en cuenta para que la Fiscalía pueda ser indulgente con ellos. Pero también pueden venir con intenciones de eliminar a la competencia. Muchas veces vienen para proveer información sobre otras organizaciones de narcotráfico.”

En el período 1996-2001, Berganza fue víctima de al menos tres aparatosos atentados: en 1999, 2000 y 2001. En los tres resultó herido, pero personas que le acompañaban murieron.

El último atentado que sufrió fue el 7 septiembre de 2001. Sólo días después García dejó el país.
El último punto que el fiscal Bansal aclaró ante la Corte fue el de las razones que llevaron al Gobierno estadounidense a capturar a Berganza en territorio salvadoreño. Este resultó uno de los momentos más objetados del interrogatorio que la Fiscalía hizo al acusado.


–Señor Berganza, usted testificó que agentes de la DEA en 1996 le dijeron que no sería extraditado de Guatemala.

¿Es así?
–Sí, así es.

–¿No es un hecho que usted nunca tuvo miedo de ser extraditado de Guatemala?

–No, porque yo les creía. Nosotros trabajábamos juntos y ellos me apoyaban.

–¿No es cierto que usted no temía ser extraditado antes de esto debido a sus conexiones con el Ejército guatemalteco?

–¿Con el Ejército? Yo nunca he tenido relaciones con gente del Ejército.
–¿Cuál es el nombre de su hermana?

–Vilda Berganza.

–¿Con quién está casada ella?
–Con Carlos Pinier.

–¿De qué vive él?
–Él es militar.

–¿Es él un General?

–Sí.

Pero los vínculos de Berganza con el Ejército guatemalteco no se limitan a los lazos familiares. Durante la década de los 80, Berganza fue comisionado militar en su zona. Un grupo de campesinos le identificó a principios de la década de los 90 como el integrante del grupo que irrumpía en sus parcelas a amenazarlos para que desocuparan Los Amates. Ramiro de León Carpio, procurador de los Derechos Humanos en ese entonces, documentó la denuncia: los campesinos, bajo presiones y amenazas, eran obligados a descargar avionetas cargadas de droga, además de luego ser expulsados de sus parcelas, que más tarde se convertirían en pistas clandestinas de aterrizaje. La denuncia nunca prosperó.

El fiscal Bansal expuso ante la juez que las razones de la captura en El Salvador se debían a que al pasar la frontera, Berganza no gozaba de la misma inmunidad que en Guatemala. El abogado Zapp, en cambio, insistió porque la juez suprimiera del proceso las declaraciones que Berganza dio a sus agentes captores minutos después de cortar la comunicación telefónica con García, antes de subir al avión que lo trasladó de El Salvador a Estados Unidos, dentro del mismo avión y previo a ingresar a la cárcel. En las tres ocasiones, Berganza se incriminó en la transacción de 500 kilos de cocaína.

La juez, después de evaluar los argumentos y las declaraciones de los testigos, concluyó que era factible pensar que Berganza había proporcionado abiertamente la información, basado en su experiencia anterior en 1996, aun cuando no existen documentos escritos, los hechos demostraron que, a cambio de la colaboración, Berganza no fue perseguido.

“Sin embargo”, declaró la juez, “esta Corte está convencida de la conocida práctica de la DEA de hacerles saber a los colaboradores que ‘si te equivocas, es tu problema’.”
El proceso se encuentra a las puertas de juicio en este momento, sólo pendiente de que la juez Batts fije la fecha de apertura.
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