Militares destruyen pistas de aterrizaje utilizadas por narcos
Los expertos detonan cargas explosivas para dañar las pistas ubicadas en la zona conocida como “La Internacional”,donde cabría un aeropuerto internacional dentro de estos humedales.
El Sacrificio, Petén. A bordo de dos vetustas tanquetas, 40 militares abren brecha en medio de la densa jungla para llegar al corazón de un territorio en donde los narcotraficantes han establecido su imperio en el norte de Guatemala. Su misión es destruir las improvisadas pistas donde aterrizan las naves cargadas de cocaína y hacer sentir la presencia del Estado en esta región.
“Existe una pista donde hay 31 aviones y avionetas quemados. Eso nos hacen reflexionar sobre qué tan establecidos están los narcos en Petén”, dijo el jefe del grupo militar de la Embajada de EE.UU. en Guatemala, el coronel Mark Wilkins.
Zona de aterrizaje
Los oficiales del destacamento de frontera Campo Xan, a 30 kilómetros al sur de la línea divisoria entre Guatemala y México, han descubierto al menos 45 aeronaves abandonadas en las 18 pistas clandestinas en el área que llaman “La Internacional”. El Ejército sostiene que son ya más de 90 días los que han transcurrido sin que aterrice un avión en la zona.
En tanto la DEA, citada por un vocero de la Embajada estadounidense en Guatemala, asegura que “hemos visto una reducción dramática en el número de vuelos que pasan por Petén, pero nuestro radar no detecta todas las aeronaves y es posible que aún aterrice alguna”.
Al llegar a las pistas, los expertos del Ejército colocan estratégicamente cargas explosivas y al presionar un botón salta por los aires una densa nube de polvo y escombros, el estruendo espanta una bandada de aves y el suelo tiembla. Al despejarse el panorama, el terreno queda plagado de cráteres.
“Lo que tratamos es que al haber tantos baches los aviones ya no puedan aterrizar”, explicó un oficial momentos antes de la detonación en “La Internacional”, bautizada así porque fácilmente cabría un aeropuerto internacional dentro de estos humedales.
Pese a tener más de 30 años de antigüedad, los tanques derriban árboles de 20 centímetros de diámetro como si estuvieran hechos de cartón. Pero la edad pasa factura y de los cuatro vehículos M-113 asignados al destacamento, uno sirve para piezas de repuesto, otro no lo usan por temor a que se estropee en medio de la selva y uno más sufrió una avería que lo inutilizó durante la operación.
En su reciente visita al lugar el jefe del comando sur del Ejército estadounidense, John Craddock, ofreció ayuda para reparar las unidades pero, según Wilkins, esta podría tardar entre 60 y 90 días más en llegar. Además, dijo, Guatemala debería considerar invertir en mejorar su fuerza aérea. Actualmente, consiste en tres helicópteros con más de 30 años de servicio y 11 aviones igualmente antiguos.
Antes de la llegada de la Fuerza de Tarea Interinstitucional del Norte (FTIN), la presencia del Estado en la zona se reducía a un pequeño destacamento que prestaba seguridad a una compañía de explotación petrolera y a una estación de una entidad de protección de la reserva natural Laguna del Tigre.
La FTIN incluye Ejército, Policía, juzgados y fiscalía además del Ministerio de Salud y otras entidades del gobierno. Pero en el terreno solo se ve al Ejército y a un reducido número de policías.
Grupo de apoyo
Aunque buena parte del norte de Petén está comprendida dentro de varios biotopos como el de la Laguna del Tigre, gran parte de la selva original ha desaparecido y fue suplantada con sembradíos de maíz de colonos que invadieron esas reservas naturales.
El Sacrificio es una comunidad de casas desperdigadas a 350 kilómetros al norte de la capital y a un tiro de piedra de la línea de mojones entre Guatemala y México.
Ahí existe uno de los pasos para cruzar a México sin control alguno. Según las autoridades existen 1,200 en los 900 kilómetros de frontera y 38 están habilitados para vehículos.
La comunidad fue fundada hace cuatro años por agricultores que tardaron un mes en abrir a mano una brecha de 40 kilómetros para automóviles entre la frontera y el Campo Xan, donde termina la carretera.
El Sacrificio es ahora el último punto para el paso de inmigrantes hacia México. También, asegura el Ejército, es un lugar de paso para la cocaína.
El ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, asegura que los traficantes “usan a los pobladores e invasores como buffer (amortiguadores) para mantener sus áreas liberadas” y que para ganar su favor suplen sus necesidades económicas.
Los traficantes les proveen generadores de electricidad y hasta vehículos para transportar enfermos al centro de salud más cercano, asegura el Jefe de la fuerza de Tarea.
Los grupos de narcotraficantes guatemaltecos, dice el Coronel a cargo de la FTIN, proveen servicios logísticos y sirven de enlace a los carteles de Colombia y México. Rescatan a los pilotos tras el aterrizaje, sacan la cocaína a un punto seguro y garantizan la entrega al siguiente transportista.
Según Vielmann, “estamos en el quiebre histórico que tuvo Colombia en 1985-1990, un momento en que los grupos del narcotráfico se constituyeron en carteles. Corremos el riesgo que el país pase de ser área de tránsito a bodega y luego a productor; tenemos que impedirlo”.
Los habitantes de El Sacrificio no tienen empacho en hablar de los cientos de emigrantes que por allí pasan todas las semanas. “A veces son 11, a veces 14, a veces más los picops que pasan. A 15 gentes por pick up, saque la cuenta”, dice José Domingo Castro, fundador de la comunidad.
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