Carlos Caljú, el intrépido vocero de la Policía que la semana pasada logró capturar a uno de los dos supuestos asesinos del abogado Rodolfo Vielman, pudo haber pensado que sería condecorado y su hazaña rememorada en los próximos 50 años.
Sin embargo, ante la vista de sus superiores, la acción de Caljú no merece un 100 si no un 50, porque al vocero de la Policía se le fue el otro y en la institución trabajos a medias no se aceptan.
Al final, al buen Caljú igual le hubiera salido capturarlo o no.
Este es el hombre que necesito
En las cálidas tierras del oriente de este país, un legendario coronel emerge como guardia de seguridad. Capitán en Jefe de un miniejército de unos 50 hombres, calculan algunos, 100 dicen otros, 200 cuentan varios para alimentar la leyenda, el coronel José Luis Fernández Ligorría (por cierto, pariente político cercano de Oliverio García) es ahora el coordinador de la seguridad personal de la familia de Waldemar Lorenzana Cordón.
Ahh, los privilegios de ser diputado
Cuentan los desesperados familiares de los pasajeros de uno de los vuelos que llegó al país el pasado martes por la noche, quienes intentaban entrar al desordenado aeropuerto para ayudar con las maletas, que el representante del pueblo Marvin García Buenafé, de la bancada Integracionista, hizo uso de su “estatus” de “padre de la patria”.
Carné de acreditación en mano, García se acercó a la seguridad y les explicó: “Vengo a traer a mi hijo y soy diputado”. Ni lentos ni perezosos, los de seguridad estuvieron a punto de ponerse de alfombra, y la indignada multitud no tuvo más que bendecirlo en sus adentros.
De león, el olvidado
En las cortes anteriores no pasaba un mes sin que pusieran las fotos de los ex presidentes de la CSJ, pero ahora da la casualidad que en la pared de las fotos ya han pasado seis meses sin que Rodolfo de León aparezca. Un caso similar sucedió en el Congreso, cuando la foto del ex presidente Rolando Morales pasó cerca del año sin ser vista en el pasillo de las fotos. Al único que jamás le pusieron su foto fue a Óscar Pineda, ex presidente del Banco de Guatemala, en tiempos de Vinicio Cerezo.
Nosotros, el dinero; ustedes, la libertad
Diligente, guapo y atento él, un ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) recién electo como magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad (CC), anda cortejando últimamente. No es a mujeres, todo lo contrario, es a hombres, hombres en cargos importantes como jefes de judicaturas o magistraturas. El abogado llega para proponer un trato justo: Gustavo Herrera, considerado el cerebro de la millonaria estafa contra el Seguro Social en 2003, prófugo de la justicia, está dispuesto a devolver hasta el último centavo de esos negocios que multiplicaron vertiginosamente su riqueza. Pero he aquí la condición: el gobierno judicial, de su lado, debe ofrecer un borrón y cuenta nueva en su récord criminalístico. En palabras sencillas: olvidar el proceso que se sigue en su contra, no mencionar más el asunto, cesar todas las medidas preventivas, y aquí acabó la historia. ¿Qué responderán los jueces y los magistrados? Eso es un asunto aún no revelado.
Protéjanlos cuanto antes
Dos militares que guardan cárcel resultan clave para un proceso que atrae la atención de muchos guatemaltecos. William Ávila Arana y Marvin Morales Díaz formaron parte del Estado Mayor Presidencial y fueron edecanes de Alfonso Portillo. Su testimonio podría contribuir a esclarecer el rumbo que tomaron cientos de millones de quetzales hábilmente escamoteados de la hacienda pública. ¿Están ya protegidos por el Estado? ¿Gozan de algún nivel de resguardo de parte de las autoridades?
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