A lo largo y ancho del territorio estadounidense, millones de personas han venido manifestando contra la eventual aprobación por el Senado de EE.UU. de la controversial Ley de Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de Inmigración Ilegal (que ya fue aprobada por la Cámara Baja del Congreso de EE.UU.), mediante la cual se pretende criminalizar (castigar con pena de prisión) a cerca de 11 millones de inmigrantes indocumentados que se hallan en territorio estadounidense, así como a aquellos que los apoyen, empleen o asistan.
elEditorial
A lo largo y ancho del territorio estadounidense, millones de personas han venido manifestando contra la eventual aprobación por el Senado de EE.UU. de la controversial Ley de Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de Inmigración Ilegal (que ya fue aprobada por la Cámara Baja del Congreso de EE.UU.), mediante la cual se pretende criminalizar (castigar con pena de prisión) a cerca de 11 millones de inmigrantes indocumentados que se hallan en territorio estadounidense, así como a aquellos que los apoyen, empleen o asistan.
En vista de que las protestas no han tenido el resultado esperado, las organizaciones de inmigrantes hispanoamericanos han programado para el próximo 1 de mayo de este año un día de huelga de los inmigrantes en EE.UU., siguiendo la tónica de una película que se rodó con ese guión hace un par de años.
Nuestro país es uno de los más interesados en que la referida ley no pase, dado que el número de inmigrantes guatemaltecos en EE.UU. se aproxima a los 2 millones (equivalente más o menos al 17 por ciento de la población guatemalteca), que todos los días parten hacia el norte muchos más, en busca de mejores condiciones de vida que las que se les ofrece en el territorio nacional, y que la más importante fuente de divisas de Guatemala son las remesas familiares (más de US$3 mil millones anuales).
Lamentablemente, la ausencia de una política en materia de inmigrantes en EE.UU. no permite que el Estado de Guatemala pueda brindar el apoyo y la cooperación que requieren nuestros compatriotas que trabajan o que buscan trabajo en territorio estadounidense. Ni siquiera estamos en capacidad de copiar lo que hacen países como El Salvador y México.
En todo caso, la presión que están ejerciendo los inmigrantes hispanos en EE.UU. está demostrando que son una importante minoría activa y que no va ser fácil para los políticos estadounidenses hacer caso omiso de sus intereses, puntos de vista y proyectos. Además, está evidenciando que ya cuentan con una organización básica y que pueden incidir en bloque en procesos electorales y en decisiones políticas de especial trascendencia para ellos.
En lo que valga, nos solidarizamos con nuestros compatriotas y con todos los inmigrantes hispanoamericanos que se encuentran en territorio estadounidense en esta desigual lucha, que tiene como finalidad que se reconozcan y respeten sus derechos humanos fundamentales, entre los que se incluyen los derechos al trabajo, a la seguridad personal y a la realización personal.
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