Da tristeza que miles de guatemaltecos se presten, quisiera pensar inocentemente, a movimientos incitados por ambiciones electorales. Es difícil aceptar que las necesidades de personas honradas sean utilizadas para acarrearlos a manifestaciones que no resuelven nada y que solo convienen a algunos partidos de oposición. No me parece que personas como Nery Barrios o Juan Tinay tengan en claro las consecuencias de una rebelión ni de que los campesinos y trabajadores seríamos precisamente los más afectados por la desestabilización del país. Guatemala no es Bolivia y tampoco cuenta con un Evo Morales. Aquí solo tenemos a unos irresponsables que creen que dirigir a alguna organización es licencia para la sedición y pisotear la ley.
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