En febrero, el equipo inglés de cricket, asistió a una recepción en su honor en el Palacio de Buckingham. La reina Isabel II luego de colocarles medallas, caminaba entre ellos, sonreía o les hacía reír a carcajadas. Ashley Giles, de 33 años, uno de los homenajeados, describió después el evento como uno “de los días más memorables de mi vida”. La Reina “es inteligente, y hace un trabajo fantástico. Además, es una mujer bellísima”, dijo sin tapujos.
Isabel, quien hoy cumple 80 años, sin tener intención alguna en abdicar, es muy respetada y querida en su país. La monarquía podrá ser criticada en Gran Bretaña, pero no la monarca, y eso a pesar de que la Reina es la jefa de la muy cuestionada dinastía de los Windsor, plagada de divorcios, muertes prematuras, mal comportamiento y pleitos. Ella ha logrado mantenerse alejada del escándalo y cumple en forma satisfactoria para sus súbditos con su rol de ser una servidora pública, sin dejar de mantener una real distancia.
Lo más cercano a una crisis fuerte la sobrevivió en 1997, luego de la muerte de la princesa Diana. El 72 por ciento de británicos consideró que no mostró suficiente sentimiento teniendo en cuenta el gran duelo que vivían los británicos. Rápidamente -y con ayuda del actual primer ministro, Tony Blair- colocó la bandera a media asta y ordenó un sepelio de Estado para su complicada nuera
Un lustro antes, fue su annus horribilis cuando se incendió el castillo de Windsor, se divorciaron sus hijos Ana y Andrés y los problemas maritales del heredero Carlos salieron a luz. Hoy, a nueve años de la muerte de Diana, la monarca pareciera tener los bríos renovados.
“Lo tranquilizador de la Reina es que aparentemente nada la transforma”, asegura el especialista Alexander Chancellor. Su inquebrantable confianza en la tradición, la disciplina y las obligaciones, así como una fuerte fe, una moral, una postura imperturbable y un gran sentido del humor la han ayudado, según los expertos, a superar las profundas crisis en su vida personal.
Está claro que la institución de la Corona aún tiene relevancia para los ingleses. La sola supervivencia de la monarquía depende del consentimiento popular. Y la reina Isabel, según su agente de prensa, Penny Russell-Smith, está empeñada en demostrar, en el ocaso de su vida, que su figura está vigente y trasciende los escándalos familiares. Nada de retiros ceremoniosos. Pretende trabajar por el tiempo que pueda.
Pero ¿qué hace la Reina? Técnicamente puede disolver el Parlamento o botar a un Primer Ministro, pero no lo intentaría. Isabel se reúne todas las semanas con el líder electo de los británicos y en 54 años de reinado jamás se ha filtrado una sola palabra pronunciada en esas sesiones de trabajo.
Y tiene cierto poder. Es la Jefa de Estado (y como tal inaugura el Parlamento y es anfitriona de recepciones a líderes mundiales) y Jefa de la nación, así como Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra y Jefa de las Fuerzas Armadas. Roles complementarios que la mantienen presente en el diario quehacer británico.
Un día en la vida de Isabel
En un día típico, Isabel acude a una inauguración. Siempre viaja en limosina Rolls Royce o Bentley. Para ella, mostrarse real es importante. No es como los monarcas de otras latitudes a quienes se les puede ver en bicicleta o en atuendos casuales. Una vez arriba al sitio, lo previsible: cientos de personas se han congregado a saludarla y ondean banderas. La gente se agolpa para conversar con ella. Ella saluda y responde.
Edward Young, quien también trabaja con la oficina de prensa de la Reina, señala que una de sus mayores habilidades es saber cuál es el momento exacto para voltear a la cámara para que la retraten rodeada de gente sonriente. Las reacciones, después de su arribo, son por lo general, favorables.
Quizá ello explique por qué solo el 19 por ciento de británicos, según una enuesta de Ipsos MORI, preferiría que su país fuera una república, uno por ciento más que en 1969, uno de los sondeos más estables en Gran Bretaña.
Pero el reinado no se ha dormido en sus laureles. Luego de los escándalos familiares, Isabel tomó la decisión de profesionalizar a la corte. “Quienes nos consideran una instituciónv victoriana no ven más alla que el frontispicio” dice David Walker, alto dirigente de palacio. El equipo de trabajo es cada vez más joven y con mayor nivel profesional. Las contrataciones no son secretas. Los salarios son mejores. Todos trabajan, con la Reina a la cabeza. “Nunca tiene aires de grandeza” afirma Elisabeth Hunka, jefa de Recursos Humanos.
Las finanzas son cada vez más claras e Isabel hace fuertes esfuerzos para ahorrar el uso de fondos públicos (el año pasado, empleó US$64 millones). Ella en sí es frugal, siempre y cuando no se trate de ahorrar en sus establos. Y abierta al cambio: tiene un celular dentro de su bolsa.
Además, tiene muy clara su misión. A los 21 años, prometió servir a su país “mi vida entera, sea larga o corta”. ¿Cuánto le ha gustado su trabajo? Se sabrá después de su muerte. Isabel jamás concederá una entrevista y aunque lleva religiosamente un diario, nunca se divulgará mientras ella viva. Su íntima amiga Pamela Hicks aventura una respuesta. Para la reina, cumplir con su misión es su recompensa. (Con información de Time, CNN, DPA, The New York Times)
¿Lady o princesa?
Cuando Isabel tenía siete años, el arzobispo de Canterbury le preguntó: “¿Cómo está la pequeña lady?”. Según testigos de la época, la niña respondió: “No soy una lady, soy una princesa”. Entonces intervino su madre: “Naciste como princesa, pero esperemos que algún día te conviertas en una lady”.
Años después, según el reportero de la corte Thomas Blaikie, los asistentes a un teatro en Londres oyeron el siguiente diálogo entre madre e hija: “¿Pero quién te crees que eres?”, preguntó la Reina Madre. Y la respuesta fue: “La Reina, madre, la Reina”. DPA
0 comentarios: