Toronto, Canadá - En Latinoamérica, los últimos datos de Onusida reflejan que viven 1.6 millones de personas infectadas. Sólo en 2005 se reportaron 140 mil nuevas infecciones. La mitad de quienes las contrajeron tienen entre 15 y 24 años.
Onusida no presenta datos por regiones, como Centroamérica. Tampoco existen cifras por grupos de edad. Según Laura Laski, coordinadora del tema adolescentes del Fondo de Población de Naciones Unidas en Nueva York, este es uno de los más grandes obstáculos para diseñar estrategias específicas que los protejan de la enfermedad.
Más allá de las estadísticas, la entrevista con Laski revela que son los adolescentes y jóvenes bisexuales o los que alguna vez tuvieron un contacto con otro hombre, los que forman parte de las estadísticas más recientes de la enfermedad. Sin embargo, la experta advierte que el dato no quiere decir que los heterosexuales estén fuera de riesgo.
La migración, la falta de programas de educación sexual integrales, los embarazos en adolescentes –que en los países del área superan la tasa de África–, jóvenes que se casan o viven con adultos antes de cumplir la mayoría de edad, la violencia intrafamiliar y las drogas forman parte del contexto en el que la enfermedad progresa.
Seis a uno
La “aldea global” ocupa más de 7 mil metros cuadrados del Centro de Convenciones de Toronto. Parece una pequeña Torre de Babel, en la que un grupo de africanos discute sobre el avance de la epidemia y, a escasos metros, cuatro trabajadoras del sexo alemanas dan consejos de prevención mientras invitan a los espectadores a sentarse en una simulada cama con cojines.
Ahí se encuentra también el pabellón de los jóvenes. Ricardo Baruch es mexicano, tiene 21 años, aunque aparenta mucho menos. Es de los pocos activistas latinos con los que se puede conversar en la actividad dominada por canadienses, africanos y asiáticos.
Baruch explica que la proporción entre los adolescentes infectados es de seis varones por cada mujer. En tanto que en regiones como Centroamérica, la infección se debe, en un 90 por ciento, a la transmisión sexual. En Argentina, por ejemplo, esta causa ha disminuido porque las estrategias de educación sexual en las escuelas tienen ya muchos años. Sin embargo, el contagio por consumo de drogas se incrementó significativamente.
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