¿Va a seguir la misma línea de política exterior que se definió a finales de 2004 o habrá cambios?
– Los grandes lineamientos no cambian porque la política exterior la dicta el Presidente y el Vicepresidente y no ha habido cambio de régimen. Pero el contenido preciso y el estilo de hacer las cosas, los matices, seguramente varían. Habrá cambios en la labor cotidiana de Cancillería, en los temas de Centroamérica y nuestra relación con Europa.
Se critica de la gestión anterior la visión comercial con que se llevaba la política exterior y se sacrificaron las relaciones exteriores. ¿Habrá cambios en este tema?
– Qué le puedo decir, yo soy economista de profesión y tengo una fuerte vocación por los aspectos económicos. Pero la pura verdad es que en mi mente es difícil de separar lo económico de la diplomacia tradicional. Tratamos de ganar espacios en el mundo y estos se llenan con actividades culturales, diplomáticas, económicas, financieras y de cooperación. Uno de nuestros nortes deberían ser los compromisos de los Acuerdos de Paz.
Guatemala cabildea por un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, sin embargo, se señala que se busca este espacio sin haber resuelto la desigualdad, la pobreza, el racismo y la exclusión en el país. ¿Qué ofrece Guatemala ante la ONU entonces?
– Si el criterio fuera haber resuelto todos los problemas domésticos, creo que ningún país sería miembro del Consejo de Seguridad, incluyendo los permanentes. Lo que podemos aportar es la vivencia de la transición de una sociedad muy conflictiva, muy intolerante, donde la impunidad estaba a la orden del día hacia algo que se mueve en la dirección correcta. Yo no digo que se hayan resuelto miles de problemas que aquejan a la sociedad, pero si se toma una radiografía de la Guatemala de hoy y se contrasta con la de 1995, innegablemente estamos mejor.
¿Qué aportaría el Consejo de Seguridad a Guatemala?
– Creo que nos haría mucho bien a nosotros porque hemos seguido una política exterior muy aldeana…
¿A qué se refiere con aldeana?
– Guatemala no se mueve bien en el mundo. Conocemos a nuestros vecinos, tenemos un problema con Belice, no hemos estado en las Grandes Ligas y nos haría bien estar ahí. Entender el mundo, entender el continente africano, el conflicto en Medio Oriente, el mundo islámico. Ir mucho más allá de nuestras relaciones tradicionales con los países del Norte, Europa, Japón y Corea. Con esto nos moveríamos de lo que fue una actitud un poco provinciana hacia una política exterior más matizada y sofisticada.
¿Cuál es el costo geopolítico para el país de pertenecer al Consejo de Seguridad?
– Tiene uno que lo hemos pensado mucho. Vamos a ser objeto de presión, sobre todo de los miembros permanentes del Consejo, y muy particularmente de uno de ellos…
¿De quién?
– De Estados Unidos, por supuesto. El mundo funciona así, tampoco hay que ser ingenuos. Los grandes tienen un protagonismo muy superior a los pequeños dada su preeminencia en el mundo económico, financiero, militar y político. Guatemala tiene la madurez y el profesionalismo para resistir esas presiones o al menos para tamizarlas para que no nos coloquen en dilemas existenciales o en una situación de conflictos de interés.
¿Es un as bajo la manga en la diplomacia para Guatemala?
– Coloca en otra categoría nuestras relaciones bilaterales con Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, nos volvemos un socio mucho más atractivo durante los dos años que estemos en el Consejo. Nos coloca en Grandes Ligas. Ya somos grandecitos y llevamos 62 años de ser miembros de la ONU, nunca hemos sido miembros del Consejo de Seguridad. Hasta Honduras ha sido miembro, Costa Rica y Nicaragua varias veces; ¿y por qué no Guatemala?
El Caricom se queja de que Guatemala ha mostrado una actitud hostil en los temas de Belice y del banano. Aseguran que por eso dan su apoyo a Venezuela en el tema del Consejo de Seguridad. ¿Van a revisar la posición ante ellos?
– Al margen de nuestra candidatura, eso realmente no tiene nada que ver. Nos interesa acercarnos al Caricom. Tenemos una afinidad y una comunidad muy grande de intereses con el Caribe angloparlante. Nuestro problema en el Caribe no es tanto el banano, porque si no Colombia y Ecuador tendrían el mismo problema. El tema ahí es Belice, para bien o para mal, Guatemala aparece como el victimario y Belice como la víctima. Hasta que no se resuelva el diferendo, Guatemala es visto con suspicacia. Nuestra política ahí es separar nítidamente el tema diferendo de la campaña.
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