Con frecuencia los proyectos concretados en la universidad no pasan de las aulas, nadie hace énfasis en su autoría y mucho menos piensa en patentarla. Al parecer esto está cambiando. Primera parada: facultades de Ingeniería.
Bienvenidos a la clase de Inteligencia Artificial I. Este semestre desarrollaremos una ontología para el dominio turístico guatemalteco que incluya la definición de las principales clases y sus slots –sectores turísticos, destinos, proveedores por sector, rutas turísticas, productos y servicios, etcétera–. Una vez definida la ontología, deberá construirse una página web que permita navegar y acceder a la información.
Con una introducción similar, el doctor Javier Gramajo López recibió a los estudiantes de noveno y décimo semestre de la carrera de Ingeniería en Sistemas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), en julio, cuando empezaba el segundo ciclo escolar de 2006. Todo transcurrió con normalidad, excepto que al final del semestre, Gramajo pidió a los alumnos firmar un documento a través del cual renunciaban a cualquier propiedad intelectual sobre el proyecto Onto-Guatemala-Turismo.
Gramajo es un ingeniero en ciencias y sistemas, egresado de la Usac, obtuvo un doctorado en Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), en España. Ha participado, además, en el área de diseño de investigación experimental en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concyt).
La guía para el desarrollo del proyecto que Gramajo entregó a los estudiantes es un documento de 11 páginas, en el cual se detalla la idea, introduce nociones de gestión de conocimiento, describe lo que son las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) y su relación con el sector turismo en Guatemala. Una parte importante se centra en el significado de ontología, específicamente en el campo de la inteligencia artificial. El objetivo: crear proyectos, además de desarrollar las habilidades de los estudiantes que incidan en la sociedad.
La idea básica era aplicar la herramienta para clasificar información relacionada al turismo, permitir a los usuarios recibir esta información a través de un portal web, darle seguimiento y monitorear información relacionada.
Surge la controversia
El semestre parecía finalizar sin mayores exabruptos hasta que Gramajo presentó a sus alumnos un “Acta de acuerdo de propiedad intelectual”.
En él, el doctor manifiesta que el trabajo era su idea original, así que la propiedad intelectual le correspondía, el documento, además comprometía a los estudiantes a ser reservados con la información y a no participar en programas relacionados al mismo.
Algunos apoyan al doctor y reconocen su derecho a reclamar la autoría de la idea, otros se sienten temerosos de no pasar la clase si se niegan a firmar, pero en ambos casos han ventilado su defensa o malestar en un blog.
“El hot blog del profe”, cuyo autor es Isaac Sultán, estudiante de Ingeniería en Sistemas en la Usac, hizo eco de la desazón de algunos alumnos de la clase de Inteligencia Artificial I.
El 25 de octubre Blogdelprofe.wordpress.com publicó el hecho e incluso un enlace para descargar la versión PDF del documento que les presentó el catedrático. Hasta el momento ha recibido 50 mensajes de respuesta, incluyendo la del propio Gramajo.
Excepto algunos mensajes en el blog, ningún estudiante accedió a hablar con esta reportera de forma directa, sino únicamente a través de Sultán y otros bloggers, en parte, según sus propias palabras, “por temor a represalias” pero también porque reconocen que el doctor Gramajo es un elemento importante en la universidad, que ha iniciado el tema de la inteligencia artificial en el país, lo cual solo sucede en otros cuatro países en Latinoamérica (México, Brasil, Argentina y Chile).
Gramajo confirmó la autoría del documento que aparece en el blog. Según su versión, en el transcurso del semestre surgió un concurso promovido por un importante fabricante de software y ante la posibilidad de que sus alumnos consideraran proponer sus proyectos decidió presentarles el acuerdo.
“Tiene que haber un reconocimiento de parte de ellos (los alumnos) y de la sociedad, de que los investigadores estamos aportando nuestras ideas, que es lo único que tenemos”. Esto sumado a que en su opinión no devenga suficiente (Q800 por una hora de clase, según él) y sus pagos nunca los recibe puntuales.
Lo que Gramajo aduce es que la idea del Onto-Guatemala-Turismo le pertenece, porque él la pensó, pero los estudiantes no ponen a juicio la autoría directa de la idea sino la parte que les correspondería a quienes la desarrollaron.
A esto el doctor responde que el proyecto es amplio y que los prototipos de los alumnos solo corresponde a un 10 por ciento del total. Él contempla integrar el programa a una organización no lucrativa para la “transferencia de tecnología” y en donde se buscaría concentrar proyectos: de carácter operativo, estratégico y de análisis para las Mipymes. El objetivo de tal institución sería ser un puente entre la academia y el sector empresarial. Según Gramajo, por ser una entidad no lucrativa los proyectos no se venderían sino se donarían.
Ni los alumnos ni el catedrático han dicho explícitamente que la firma del documento se planteó como obligatoria u optativa, sin embargo, lo que sí ha señalado este último es que él, en varias ocasiones los invitó en clase a que propusieran modificaciones, pero que a la fecha no ha recibido ninguna.
A la pregunta de por qué en el acta no figura la Usac como beneficiaria de la propiedad intelectual del proyecto Gramajo respondió que la universidad no reconoce los proyectos: “realmente lo que hacen es generar cualquier tipo de proyectos, pero los engavetan y los tiran a la basura”.
Y ante la sugerencia de que la licencia de estos proyectos sea GPL (licencia pública general en el esquema de software libre), Gramajo rechaza de entrada la opción porque en su opinión cualquiera los puede hurtar o utilizar.
Nadie cuestiona la parte de la propiedad intelectual que en este proyecto le corresponde al Doctor, la gran incógnita es sobre la parte que le correspondería a los alumnos o a la universidad pero sobre todo a la acción de patentar algo que hasta el momento y en la mayoría de los casos se asume como parte natural del convenio que se establece entre la universidad (empleador) y el catedrático (empleado) a la hora de la contratación de este último.
Sorpresas, novedad e iniciativas
Jorge Armin Mazariegos, director de la Escuela de Ingeniería en Sistemas de la Usac, manifestó que desconocían los proyectos porque se trataba de temas muy nuevos.
“La propiedad intelectual en el ámbito académico y más en la Usac se ha irrespetado en muchas áreas, entonces, este catedrático lo que está tratando de hacer es dar su voz y voto en el tema. Si realmente quisiera hacer daño o aprovecharse de los estudiantes” continúa Mazariegos, “realmente ni les diría, en Guatemala como no se respeta eso, él haría lo que quisiera”.
Según Mazariegos, Gramajo habría decidido no incluir a la universidad como parte beneficiada en el acuerdo por “conocer la estructura tan burocrática de todo”. En cuanto al documento “no creo que prospere mucho como está, tiene que ser mejorado, visto por un abogado”, aseguró.
La realidad es que el tema se ha puesto ya sobre la mesa en otras universidades. Luis Furlán, director del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad del Valle de Guatemala, confirmó que esa casa de estudios lleva años de debatir sobre si un trabajo de graduación es propiedad de la universidad o del estudiante.
Y por la misma línea de pensamiento, el ingeniero Leonel Morales, director de Ingeniería Informática y Sistemas de la Universidad Rafael Landívar, comentó que aunque no se tiene un proceso claro de patentes ni de reclamos de derechos de autor, ellos consideran que las investigaciones son propiedad de la universidad.
Aunque recientemente contemplan que cuando un catedrático plantea un negocio informático, y el alumno lo desarrolla como su trabajo, se favorecerá al maestro o autor de la idea. “Es algo que ocurre bastante en otras universidades del mundo, de donde salen los spin outs o empresas nacidas de la universidad y que aquí llamamos incubadoras”, puntualizó Morales.
La ley vigente
Por explicar la idea y hacer pública su autoría, la guía de estudio que Gramajo proporcionó a sus alumnos al inicio del semestre y la publicación que hiciera en septiembre del Onto-Guatemala-Turismo en un artículo especializado en efecto estarían comprendidas dentro de lo que dictan las leyes vigentes en Guatemala sobre la propiedad intelectual (artículos 5 y 6, Capítulo 1, del Decreto 33-98, del 28 de abril de 1998).
En cuanto a si la protección de este tipo de propiedad es diferente en el ámbito académico, la abogada especialista en propiedad intelectual, Karen Fischer, apunta que “simplemente el creador, en este caso de un software, es propietario de los derechos de autor de lo que contiene el programa determinado”. En el caso particular de un programa como el Onto-Guatemala-Turismo, Fischer opina que lo conveniente es que se patentara con igualdad de derechos para el catedrático y los alumnos.
Un elemento más de interés es la reforma al Artículo 10 del Decreto 33-98 que se modificó el 31 de agosto de 2000, y en el cual se aborda la propiedad de las creaciones que se realizan en “cumplimiento de una relación laboral”, y que según la modificación a la ley podrían ser cedidos al patrono, en este caso, la Usac, salvo “pacto contrario” o en caso de conflicto cuando prevalecerían los derechos del autor original.
Gramajo insiste en que este es un procedimiento regular en universidades europeas y que él mismo firmó documentos similares, la diferencia en todo caso (según documentos proporcionados por el doctor) es que lo hizo en un ámbito de posgrado y sus alumnos en Guatemala son de pregrado.
Y aquí es donde pende la interpretación que se aplique de esta ley para reclamar la propiedad intelectual de lo que produzcan los catedráticos universitarios por la relación de empleado-empleador, para renunciar a sus derechos sobre lo que se produce en el ámbito académico, o para elaborar contratos que estipulen claramente como cada parte, incluyendo a los alumnos, pueden beneficiarse a partir de la propiedad intelectual de una obra.
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