Es el lugar en el que mis hijos y yo hicimos el hallazgo de una montaña de aguacates haas y de fragantes rajas de canela más altas que Michael Jordan. Ahí comimos juntos por primera vez los liches y ahí hemos disfrutado de nances, nísperos y otras frutas de temporada que resulta una rareza encontrar en los anaqueles del supermercado.
Así que le tengo aprecio al galpón 16 del Cenma (Central de Mayoreo) -no sólo como un sitio que provee de frutas y vegetales fresquísimos y baratos, sino también como un lugar de aprendizaje y descubrimiento-.
Leí hace poco la noticia de su inminente desaparición como mercado al menudeo. Al parecer, la Municipalidad capitalina pretende convertir al galpón 16 en uno de varios cuartos refrigerados, necesarios para el almacenaje de mariscos y otros perecederos de exportación. Muy probablemente el vicealcalde Enrique Godoy tiene razón al afirmar que resulta una distorsión tener un mercadito en la Central de Mayoreo que aspira a convertirse en sede para la distribución a Centroamérica de productos nacionales. Por elPeriódico me enteré de que fue autorizado hace años únicamente como una concesión a los habitantes de Villalobos, quienes carecían de un mercado cantonal para hacer la compra. Y por lo visto, los responsables parecen decididos a enmendar esta indulgencia.
Con las historias de horror sobre los embotellamientos causados por el transporte extraurbano, la falta de parqueos y la abundancia de carteristas, La Terminal no parece un sitio propicio para emprender un sosegado paseo sabatino con vistas a descubrir, por ejemplo, las bondades del quilete o las propiedades curativas de la hoja del limón y de paso hacer la compra en compañía de la familia. Otros mercados cantonales ofrecen poca variedad a precios más altos.
Así que salgo en su defensa. Que no terminen con él.
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