Otto Pérez Molina se muestra sorprendido por la continuidad del contrato con Resersa. Según él, el ministerio lo había rescindido.
Equipo de Investigación
En febrero, el presidente Óscar Berger resolvió rescindir el contrato de la empresa Restaurantes y Servicios (Resersa), encargada de distribuir la comida a las cárceles desde abril de 2000.
Según el mandatario, la medida se tomaba para garantizar transparencia, pues se estima que existió una sobrevaloración de más de Q57.6 millones en la distribución de comida de los últimos cuatro años. Aunque datos de las empresas competidoras apuntan a más de Q80 millones.
Hasta ahora, la orden presidencial ha pasado inadvertida, ya que el viceministro Óscar Eduardo Montoya aseguró que el contrato con Resersa no se puede suprimir, porque legalmente su lesividad no puede ser justificada. Sin embargo, el 30 de diciembre de 2003, el Juzgado Octavo de lo Civil determinó que existieron anomalías en el proceso de licitación. Montoya indicó que el análisis del Ministerio de Gobernación determinó que ésta fue realizada legalmente, “por lo que Resersa continuará dando el servicio, hasta que se haga una nueva licitación, que posiblemente será en agosto”.
Otto Pérez Molina, comisionado presidencial para la Seguridad, se mostró sorprendido por la medida. Según él, “el contrato con Resersa ya había sido suprimido de mutuo acuerdo con el Ministerio de Gobernación”.
Gobernación hace lo suyo
Hace dos meses Berger se reunió con Arturo Soto, titular de la cartera, donde se acordó rescindir el contrato. Sin embargo, Resersa continúa proporcionando el servicio.
En este encuentro, Berger aseguró que en dos meses se elaborarían las bases para una nueva licitación y que “durante este período de transición se contratarían tres o cuatro compañías a fin de garantizar el suministro de alimentación, con costos más bajos, para que el servicio a los reos no se interrumpa”.
Sin embargo, Montoya desoyó las órdenes presidenciales y dijo que Resersa, subsidiaria de Los Cebollines, “es una empresa seria que tiene un buen precio por cada tiempo de comida y es difícil que otra entidad pueda dar un servicio a ese costo”.
No obstante, en la última licitación, una de las empresas participantes ofreció el servicio hasta por Q5 debajo del precio ganador por tres comidas diarias. Con esta oferta el Estado podría haberse ahorrado Q72 millones en cuatro años.
Montoya reconoció que Resersa está dispuesta a participar en un nuevo proceso de licitación, aunque dejó ver que actualmente no existe otra empresa que cuente con la tecnología apropiada para elaborar la comida que consumen los reos, como por ejemplo una fábrica que haga 150 mil tortillas diarias.
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