A medida que se extiende la democracia, pareciera que también se extiende el terrorismo geográficamente.
Francisco Villagrán Kramer
Las elecciones que tuvieron lugar en España y en Rusia el domingo 14 de marzo y las que se celebrarán en El Salvador el domingo 20 de este mes han sido y son objeto de singular atención. Por un lado, los factores ideológicos ofrecen ángulos de visión a cual más importantes y, por el otro, el terrorismo que viene afectando directa y profundamente no sólo a España y a Rusia sino también a muchos otros países en América, Europa, África y Asia. A medida que se extiende la democracia, pareciera que también se extiende el terrorismo geográficamente.
Desde la perspectiva ideológica es interesante reparar en que las fuerzas políticas que participan en las lides electorales no persiguen cambiar, en Rusia, España y El Salvador, el sistema capitalista. En consecuencia, las izquierdas, antes radicales, con nuevo lenguaje y ropaje, se mueven y compiten en el terreno electoral sin cuestionar dicho sistema.
En España, la lucha frontal no fue entre izquierdas y derechas tradicionales, sino entre dos formas o maneras de administrar el capitalismo. Triunfando el Partido Socialista Obrero Español, partido, que, como se recordará, introdujo a España en la Europa comunitaria después de que su líder, don Felipe González, persuadió a los socialistas a aceptar el capitalismo comunitario y a leer a Marx, pero no citarlo. En cambio, Izquierda Unida sufrió una apabullante derrota. Desde luego, en el triunfo socialista entraron en juego factores de última hora.
En Rusia, Vladimir Putin se consolidó como Presidente de todas las Rusias al haber interpretado acertadamente el deseo de los rusos por olvidar el “viejo orden comunista” y lograr estabilidad y orden económico dentro del capitalismo. Para los entendidos, pesó más en la ex Rusia de los zares la consolidación del “nuevo orden” que volver a los días de los sóviets.
En cambio, en El Salvador compiten una nueva izquierda con una nueva derecha. Se trata de nuevas fuerzas, que si bien ya se midieron con anterioridad, esta vez, ambas se han empeñado por involucrar al pueblo, dejando de lado los eslóganes de la Guerra Civil. Si bien el candidato de la nueva izquierda fue Secretario General del Partido Comunista salvadoreño (PC), la cúpula del Faranbundo Martí, hoy, más parece ensalada rusa de blancos y rojos que el viejo Comité Central del ex PC. Arena, por su lado, ofrece a los salvadoreños un electo de “turcos jóvenes”, entrenados en el arte de no confrontar, sino de buscar consensos y de manejar la plata pública y privada con conocimiento y corrección. Diga lo que se quiera decir, los “cheros salvadoreños” han fortalecido con similar maestría a la de los españoles y de los rusos, la democracia y una variante de capitalismo.
El otro lado de la medalla es el terrorismo. Al examinar el panorama mundial se ve que éste ha afectado por igual a Rusia y a España. Como nosotros lo leemos en español, nos golpea más el terrorismo de ETA y del Al Qaeda en España que el de Chechenia en Rusia. Pero, si vemos el globo terrestre, vemos que al sur de Rusia existe un mosaico en que el terrorismo es moneda de curso corriente. En África del Norte, también otro mosaico. Si nos trasladamos al Asia, Filipinas, Indonesia, India y Sri Lanka aparecen nítidamente. En América, Argentina y EE.UU.
En cuanto a que el supuesto jefe militar de Al Qaeda en Europa puede ser autoinventado, mas no el riesgo del terrorismo en Europa que no es imaginario, sobre todo, después de que se hizo evidente en España que los riesgos son diferentes en el extranjero que en el suelo europeo. La lucha antiterrorista librada extramuros al lado de EE.UU. tiene, pues, según se lee el voto español, riesgos que no deben correrse si los votantes no hubieran expresado su venia. Lo frustrante, para los españoles, será si se confirman los vínculos entre ETA y Al Qaeda.
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