[Hoy sábado 20 de marzo, en la ciudad de Guatemala...
Anamaría Cofiño K.
…se llevará a cabo una protesta pacífica frente a la Embajada de Estados Unidos, sale del Obelisco a las 9:00 horas. Se invita a la ciudadanía a participar.]
Leí que el presidente Berger irá de visita oficial a Estados Unidos, a entrevistarse con Bush. Estos encuentros son de suma importancia para los representantes de nuestros pequeños países, puesto que es una ocasión poco común en la que (se supone) negocian asuntos importantes para ambos. Es muy probable que hablen sobre los tratados de libre comercio, sobre terrorismo y narcotráfico. Al respecto, sería bueno que Berger escuchara lo que la ciudadanía piensa. No vaya a ser que de nuevo haga promesas descabelladas e inconsultas.
Existe una decidida oposición a que el Estado guatemalteco apoye militarmente a Estados Unidos. La oferta que Berger le hizo a Aznar fue mal recibida, considerada inoportuna y absurda. Se vio como un acto de sumisión, más que de solidaridad. ¿Cómo un Gobierno con los problemas agobiantes que tiene puede siquiera mencionar semejante propuesta que tendría costos inmensos, no sólo materiales, sino en el proceso de democratización, en la dignidad nacional y en vidas humanas? El papel del Ejército quedó claramente establecido en los Acuerdos de Paz y el actual gobierno se ha comprometido a respetarlos y cumplirlos. Hacer lo contrario sería un retroceso lamentable.
Decirle a Bush que siempre no queremos enviar a nadie a Irak requiere valor. No es fácil enfrentar la ira de un hombre que tiene tanto poder. Negarse a acatar las órdenes del amo es un riesgo, transgredir o disentir son actos que requieren decisión y empeño. En todo caso, es necesario que el presidente Berger escuche a quienes nos oponemos a que nuestro país se involucre en guerras que no nos incumben. Es preciso que ponga atención a lo que le sucedió a su colega Aznar.
Es fundamental que tome en cuenta a las organizaciones sociales. Entre ellas hay una fuerte oposición a la firma de los tratados de libre comercio. En Latinoamérica hay una resistencia popular fuerte que no quiere entregar sus recursos ni padecer las consecuencias de las políticas económicas impuestas desde Estados Unidos. Los pueblos están conscientes de las implicaciones que tienen, porque ellos son los que llevan la peor parte. Las propuestas alternativas merecen atención, son una posibilidad de desarrollo con autonomía e independencia.
En varias ciudades del planeta hay manifestaciones contra la guerra en Irak y contra la presencia militar estadounidense en otros continentes. La resistencia está multiplicándose. No por gusto sale la gente a las calles a gritarles a los hombres de la guerra que lo que quieren es paz. Millones de personas les han dicho que “no” queremos más violencia. Nuestra arma es la palabra, y el deseo colectivo, nuestra fuerza.
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