Han logrado meter en una efímera humareda la verdadera situación del país, que sigue siendo dramática.
César A. García E.
La trillada cantaleta “es una cortina de humo” –cuando se refieren a distractores oficiales– es a lo que se ha reducido, básicamente, el “trabajo” de la mal llamada “oposición” de turno, formada mayoritariamente por tipejos( as) tan oportunistas como mediocres. En efecto, ni ahora ni antes hemos visto una oposición seria, profesional, propositiva, decente, valiente o, al menos, responsable; lejos de ello, las ansias de poder, la ambición desmedida, la carencia de escrúpulos y la incompetencia, han convertido al Congreso de la República en un circo de mal gusto, en el cual perdió recientemente su viejo payaso, y la colección de animales es tan parecida como tediosa. Salvo –cada vez menos– honrosas excepciones, la precaria calidad de los parlamentarios se encuentra presente tanto en la “oposición” como en la bancada oficial, de tal suerte que estoy convencido de que en términos prácticos y abstrayéndonos de la aberración institucional que esto significaría, si se cerrara el Congreso por cuatro años, el país no perdería nada, ¡ganaría! Quienes seguramente perderían, serían muchos de los diputados que a la luz de su incompetencia y/o bajeza, seguramente no podrían generar ingresos como los que les regalan por irse a sentar y levantar el dedo; también quedarían en el desamparo varios de los cada vez más abundantes “asesores” legislativos, que drenan, junto con los sofisticados congresistas, los escasos dineros de los guatemaltecos. Hasta ahora, ha quedado claro que en el Congreso, definitivamente, no se conoce y menos se cumple con la austeridad que predica el Presidente de la República.
Pasando precisamente a la gestión del Ejecutivo, es obvio que los convenientes distractores apoyados con ahínco por casi todos los medios de comunicación, han logrado meter en una efímera humareda la verdadera situación del país, que sigue siendo dramática y urgente de empezar a resolver. El tiempo se le esta yendo a los gobernantes, en publicitar la persecución de los desalmados ladrones eferregistas, cuyas pestilentes y evidentes atrocidades solamente fueron señaladas oportunamente por la prensa, pues ni el partido, ahora oficial, ni el resto de la “oposición” atacaron con vehemencia –como debió ser– tan anómalos hechos, haciéndolo únicamente a las postrimerías del macabro régimen, pues esto les generaba simpatías y votantes. La verdad de las cosas, es que en cuanto a ataque a la corrupción se refiere, el nuevo gobierno ha hecho muy poco, en primer lugar, porque los perseguidos son verdaderos gatos dentro de una organización criminal, enquistada en el Estado desde hace mucho; en segundo lugar, porque ¿qué está garantizando que actualmente lo nuevos burócratas y amiguetes no se estén preparando para raspar la olla? Y, en tercer lugar, porque no existe una instancia de transparencia representativa y fiable.
Mientras la publicidad oficial se expande y muchos miembros de la prensa cierran un ojo, convirtiéndose en consentidores de la negligencia; el crimen, el hambre, la inseguridad, la ignorancia y los precios, crecen sin piedad.
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