El Instituto Guatemalteco Americano (IGA), presentó la semana pasada el Jazz Festival.
Jorge Sierra
El Instituto Guatemalteco Americano (IGA), presentó la semana pasada el Jazz Festival, que en esta edición abarcó cuatro conciertos. Se pretendió cubrir diferentes espectros del género, tanto jazz fusión, como smooth jazz, pasando por el cool, instrumental pop hasta aproximarse al third stream, que es como se le llama al encuentro del jazz con la música clásica.
Del paquete, sólo me quedo con el concierto del miércoles, ofrecido por el grupo del saxofonista de 24 años, Javier García. La velada trajo consigo una bolsa de aspectos a considerar. Primero, el compromiso que este joven tiene con el jazz contemporáneo y, por tanto, no deja de madurar en su fraseo e improvisaciones. La actitud, desencadena en responsabilidad y compromiso por ofrecer algo elaborado y serio.
Luego, hay que ver el ojo visor que tiene García para escoger nuevos y jóvenes músicos. Del conjunto, fue notable el desempeño de los cantantes Claudia González y de Cristian Ochoa, a quienes felicito por su arrojo a encarar nuevas y distintas armonías y estructuras musicales. Subrayo aquí también, la intervención del batería Byron Campo, quien, no sólo tiene la habilidad de conocer estilos, sino también porque conoce la palabra: control. Sea que acompañe o realice solos, acampa sin arrebatos egoístas ni excesos circenses. Campo resulta ser ya toda una promesa en la nueva generación de percusionistas de este país.
En fin, el sexteto de García transita por un jazz comercial y lo exalta por la frescura y vigor que le imprime a las interpretaciones. Desafortunadamente no ha aparecido un guitarrista que supere, en estilo y técnica, a German Giordano, y por lo mismo será al único de mayor edad del grupo, que Javier reclute para sí, por un buen tiempo. Ojalá la banda se mantenga y pueda, en un futuro inmediato, descubrir composiciones propias.
El resto de conciertos del festival, fueron simples formulaciones (algunas no sinceras y sí rígidas) e intentos fortuitos por acercarse al arte y al feeling jazzístico.
Ojalá el IGA continúe con estas actividades, pues el público guatemalteco está ávido de escuchar y conocer más referencias existentes en el país, sobre el género.
Nueva trova.
El viernes 19, el cuarteto Alquimia, practicante de nueva trova y nuevo canto, celebró sus cuatro años de fundación en La Bodeguita del Centro. El grupo se jacta ya de años de existencia y de un numeroso repertorio, sin embargo, este aniversario se ofreció desorganizado, informal y con resultados sosos, pues el público nuevo que pudieron haber captado, no pudo conocer referencias reales de sus logros interpretativos y sonoros. ¡Lástima! Quizá hasta dentro de cuatro años más.
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