Con el paso del tiempo, los arquitectos que han hecho historia durante el siglo XX, han sido sometidos a las más variadas interpretaciones y a las más radicales evaluaciones...
Con el paso del tiempo, los arquitectos que han hecho historia durante el siglo XX, han sido sometidos a las más variadas interpretaciones y a las más radicales evaluaciones. Algunos observadores se han concentrado en la obra arquitectónica, mientras que otros buscan ubicarlos en contextos mucho más amplios, sociales, políticos o económicos, que el estrictamente formalista. Un ejemplo de ello lo tenemos en el caso de Mies van der Rohe, de quien se han referido como el “profundo pensador, artista inspirado y uno de los más grandes arquitectos en la historia”, autor del aforismo “Menos es más” (Less is more), con el que aboga por la simplificación, fue en su momento, a la llegada del posmodernismo, criticado por personajes como Venturi, arquitecto también, quien rectificó: “Menos es aburrido” (Less is a bore).
Por supuesto, “menos” no ha significado precisamente ser aburrido, sino que una manera de introducir orden en el caos de la vida, ya que con formas puras y geométricas, no por ello exentas de expresión, asume la realidad a su propia y quizás, idealizada manera. Formas y filosofía que han inspirado parte de la arquitectura que se ha hecho posteriormente.
En Latinoamérica, en general, así como en Guatemala, existe la tendencia de seguir las corrientes internacionales e intentar reproducir aquello que se pone de moda. Influencias como la de Mies muchas veces no han podido escapar de la retórica de sus aplicaciones superficiales. Pero su legado, como el de tantos otros, puede ser fértil, cuando únicamente se absorben algunas de sus lecciones para darles giros creativos.
Es en la búsqueda de una nueva arquitectura guatemalteca contemporánea, que se perfila la visión de Mauricio Solís Colomer.
Mauricio Solís: Arquitectura por vocación
Mauricio Solís nació en 1972. Decidió estudiar arquitectura en Guatemala, en la Universidad Francisco Marroquín, determinación que había tomado desde que era niño, sin dudar ni por un momento de cuál sería su destino.
Trabajó durante un verano en Madrid, con el arquitecto Vicenz, experiencia con la cual confirmó la práctica de la arquitectura como una vocación personal, en la creencia de que todos tenemos una misión en la vida y en la medida en que, procurándonos las herramientas apropiadas y aprovechando las oportunidades debidas, esta se cumpla, seremos capaces de alcanzar la enorme satisfacción que produce la realización personal.
Basta observar alrededor para sentir la saturación de mensajes e imágenes a los que constantemente se expone el individuo común, producto de una sociedad cuya comprensión de lo doméstico ha sido afectada profundamente por la revolución de las comunicaciones. Los hogares se han permeabilizado a la recepción y transmisión de mensajes, alterándose, en consecuencia, la sana distancia que debe existir entre las cosas. El mundo exterior difícilmente se puede separar del interior.
Solís propone un lenguaje arquitectónico que se constituya en expresión de la cultura actual, con sus avances tecnológicos y fluctuaciones en los valores sociales, pero que sobre todo, responda a las urgentes necesidades de refugio del hombre posmoderno. Una arquitectura esencial, práctica y organizada visualmente, en la que el guatemalteco, individuo privado por naturaleza, pueda definir las relaciones consigo mismo, con su entorno y con las demás personas. La casa debe convertirse en un espacio sereno y tranquilo, un lugar de reencuentro en el que pueda decodificar la información y dialogar, cuando sea necesario, con una sola idea a la vez.
Esta arquitectura, lejos de ser monótona, se convierte en una experiencia lúdica, en un ejercicio divertido y gratificante para todos los involucrados en ella, tanto en la etapa de estudio y preparación, como en el desarrollo y posterior experiencia del proyecto. El descubrimiento y la sorpresa a través del diseño ingenioso y la creatividad en la mezcla de texturas, además de la forma austera, hace que los usuarios lean mejor los espacios, ya sean de vivienda, trabajo, esparcimiento o de espiritualidad, los comprendan y se identifiquen más con ellos.
Fundó, en el año 2001, la empresa Solíscolomer & Asociados, a pesar de que desde tiempo antes venía trabajando activamente. Su sistema le permite contratar las asesorías necesarias, de manera que sea el aporte total de los expertos en cada campo, lo que garantice el éxito del resultado.
La arquitectura de Solís busca la belleza a través de la pureza y austeridad de la forma. Evade los altos contrastes, la provocación radica en el impacto aislado. Sus espacios reflejan el esfuerzo por definir la naturaleza de la intimidad y la privacidad del guatemalteco, pero sobre todo, su intento por reconciliar la arquitectura moderna y la definición de identidad.
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