Cluster forestal crece en forma sostenida y se prepara para más
Las exportaciones de los productos de madera se han incrementado en los últimos cuatro años y una de sus características es que la mayor parte de ellas tiene valor agregado nacional.
Guatemala significa “lugar de bosques” o “sitio boscoso”. Es, por naturaleza, un país con vocación forestal con amplias posibilidades de desarrollar las industrias conexas. Lo está haciendo poco a poco y en un quinquenio más podría producirse un boom del cluster maderero.
En los últimos cuatro años, la industria forestal ha venido incrementando su producción y sus exportaciones.
Al primer semestre de este año acumula US$25.3 millones por ventas al extranjero, principalmente a nivel centroamericano. Guatemala se encuentra entre los 144 países exportadores de madera y durante 2003 se ubicó en el puesto 63, promediando 45 mil metros cúbicos de madera exportados.
Axel Gómez, gerente del cluster forestal, indicó que durante 2002 se exportaron 79.6 miles de metros cúbicos, de los cuales el 28 por ciento fueron muebles, seguido de madera aserrada con el 27 por ciento, puertas un 13 por ciento y el resto fueron exportaciones de tarimas, plywood y ataúdes.
Para 2003, las exportaciones de muebles crecieron un 3 por ciento con respecto al año anterior, la venta de puertas aumentó el 4 por ciento, contrario a lo que sucedió con la madera aserrada que disminuyó 3 puntos porcentuales, según Gómez.
Los datos proporcionados por el clúster forestal dan cuenta de que durante ese año el total exportado sumó 92.98 miles de metros cúbicos, lo que equivalió a US$48.34 millones.
Pionero en Centroamérica
Guatemala es pionera a nivel centroamericano en cuanto a las exportaciones de madera, asegura Byron Pérez, gerente administrativo de Maderas El Alto.
Los mayores destinos de la producción de madera de esta empresa son El Salvador y Honduras, pero también comercian con México, Nicaragua y Costa Rica.
Luis Ramírez, gerente administrativo de Maderas El Líbano, una empresa intermediaria, dice que “la tecnología que se utiliza es básica para el cepillado y corte”, lo que permite a algunas empresas nacionales competir con la industria costarricense, equipada con tecnología de punta.
Tanto Pérez como Gómez comentan que la tendencia en la producción y exportación de madera es creciente, pero necesitan trabajar de forma coordinada los empresarios y las instituciones que promueven la protección de los bosques y el desarrollo de la industria.
Incentivos para la producción
La producción y la exportación maderera en el país se verán fortalecidas en un futuro cada vez menos lejano, gracias a las políticas estatales aplicadas al sector.
El Instituto Nacional de Bosques (Inab) ha promocionado desde 1997 la reforestación, el manejo y protección de los bosques por medio del Programa de Incentivos Forestales (Pinfor).
Este programa actualmente cuenta con casi 2 mil proyectos ejecutados por personas individuales, organizaciones, asociaciones y municipalidades, declara su director, Walter de la Roca.
La cobertura reforestada a nivel nacional por los programas de incentivos es de 40 mil 855 hectáreas y otras 48 mil 106 hectáreas con la cobertura del manejo de bosque natural. El valor invertido desde 1998 en este programa asciende a Q306 millones, entregados a beneficiarios en todo el país.
A través de Pinfor se han podido generar 120 mil empleos indirectos en las comunidades rurales en las cuales se impulsa la producción forestal sostenible, agrega De la Roca.
Se tiene programado entregar este año más de Q95 millones a proyectos de reforestación y manejo de bosques naturales. En la región metropolitana, en octubre, se entregaron cerca de Q1.4 millones a 41 proyectos que llenan los requisitos del plan.
De la Roca indica que el subsidio por hectárea reforestada es de Q12 mil 400.
Entre las áreas prioritarias del Pinfor están Petén, Verapaz, Izabal, Escuintla, Retalhuleu y Suchitepéquez.
Una década de espera
El director del Pinfor indica que los proyectos que han apoyado todavía no forman parte de la producción exportable, pues los bosques requieren de diez años mínimo para ser explotados comercialmente.
Los participantes del proyecto deben suscribir un convenio para participar de los beneficios de éste, en el que se establecen los plazos requeridos para la tala de las distintas maderas que se cultivan.
Los primeros proyectos financiados por Pinfor todavía deben esperar otros cinco años para sumarse a la producción exportable. Pero la industria maderera no se ha sentado a esperar.
Pérez explica que Maderas El Alto, como productora, ha sido favorecida con los incentivos de manera directa, pero mientras llega el tiempo para la tala de los árboles del proyecto, extraen madera de fincas reforestadas por su cuenta.
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