Tras hallar 177 osamentas, ayer suspendieron exhumaciones
En el antiguo destacamento militar de Comalapa, Chimaltenango, culmina hoy la búsqueda de cuerpos. Rosalina Tuyuc dice que los militares “sacaron como siete camionadas de huesos para saber ni donde”.
Cuando comenzaron, a finales de agosto de 2003, los antropólogos de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) pensaron que no sería mucho lo que encontrarían en la colina donde una vez estuvo la base militar de Comalapa, en Chimaltenango.
Hoy, después de hallar 177 osamentas en 45 fosas distintas, no piensan lo mismo. La suspensión se debe a que se agotó el terreno donde se les autorizó la excavación en busca de huesos.
Es en esa colina, donde Rosalina Tuyuc pensaba que iba a encontrar a su padre y a su esposo, desaparecidos en los primeros años de la década de los 80.
Sin embargo, mientras avanzaba la exhumación, los antropólogos no pudieron dar con restos que pudieran darle esperanza a Tuyuc, quien ahora dirige el programa de resarcimiento a las víctimas del conflicto armado.
Durante 14 meses exactos, los expertos lograron arrancar los restos de 177 personas a un terreno donde no contaron con algún testigo que dijera: “allí están los cuerpos”. Esta vez se basaron en sus observaciones para determinar dónde podían excavar.
Así, al azar, encontraron las osamentas que, en su gran mayoría, tienen señales de tortura antes de la ejecución. Algunos fueron hallados con las manos atadas por detrás con alambre de púas. Otros tenían los ojos vendados.
Según los peritos, sólo en cinco fosas hallaron “evidencia balística”, es decir, las ojivas de los tiros con que fueron muertas estas personas.
La segunda fase
Aunque estaba previsto que terminaran las exhumaciones ayer, se encontró un último esqueleto en la fosa 45. Debido al acto conmemorativo realizado por la fundación y la propia Tuyuc, no se pudieron concluir los trabajos.
Aunque no aparecieron los restos de su padre ni de su esposo, siempre queda la esperanza para Tuyuc. Sin embargo, dice que antes de irse, los militares “sacaron como siete camionadas de huesos para saber ni donde” y allí, piensa, podrían ir los de sus seres queridos.
El Ejército ocupó el destacamento durante casi 20 años hasta que en 1997 abandonó los terrenos. Ahora, para los antropólogos queda trabajo de escritorio. Tendrán que elaborar un informe de cada osamenta que encontraron y tratar de identificar a quién pertenecía.
Estos informes serán luego presentados al Ministerio Público para que sirvan de evidencia en el caso de un eventual juicio.
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