Ha trascendido que los diputados eferregistas, que ostentan la mayoría absoluta en el Congreso, durante la presente semana intentarán reformar el Código de Trabajo, emitir una Ley de Adopciones y modificar la Ley Orgánica del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, entre otras leyes...
Editorial
Ha trascendido que los diputados eferregistas, que ostentan la mayoría absoluta en el Congreso, durante la presente semana intentarán reformar el Código de Trabajo, emitir una Ley de Adopciones y modificar la Ley Orgánica del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, entre otras leyes.
En nuestra opinión, tanto el gobierno eferregista como los
diputados del Frente Republicano Guatemalteco (FRG) han perdido la legitimación después de las elecciones generales del domingo 9 de noviembre de 2003, en las que fueron derrotados ampliamente (ya que obtuvieron menos del 20 por ciento de los votos, a pesar de ser partido oficial), por lo que toda decisión unilateral que adopten es ilegítima. Su representatividad en estos momentos ya no es de una mayoría absoluta en el Congreso, como la que ostentaron durante los últimos cuatro años, sino de una minoría, por lo que su intervención en el Legislativo debería ajustarse a la voluntad popular expresada en las urnas.
Por ende, lo procedente, lo razonable, sería que el actual régimen se abstuviera de emitir nuevas disposiciones gubernativas y legislativas de aquí hasta el 14 de enero de 2004.
Sin embargo, estamos convencidos de que esto no va a ocurrir, porque los eferregistas no conocen el vocablo legitimidad, no son razonables ni respetan la voluntad popular.
Lo que quieren los eferregistas hoy por hoy es heredar el caos, la ruina y la desolación. Su odio, su resentimiento, los lleva siempre a hacer daño. Sin duda, su mayor aspiración es que el nuevo gobierno pierda en la victoria a como dé lugar, que inicie de cero, que construya sobre ruinas y que se desacredite lo antes posible. Al eferregismo el pueblo de Guatemala sus penas y desesperanzas les tienen sin cuidado, les importan un comino. Para ellos la frase célebre del Rey Luis XV que reza: “después de nosotros, el diluvio” es su única meta, su aspiración máxima.
Consecuentemente, de todo hará el eferregismo para heredar callejones sin salida, laberintos, problemas inextricables y bombas a punto de estallar, que comprometan desde un inicio la actuación del nuevo gobierno.
No obstante, confiamos que el nuevo gobierno, con el consenso de todas las fuerzas democráticas, limpiará el camino y desactivará la bomba de tiempo que le dejará un ya antiguo régimen corrupto que, con todos los merecimientos, está ocupando un lugar privilegiado en los “basureros de la Historia”.
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