Los elevados índices de corrupción facilitaron la extracción de recursos a manos privadas.
Edgar Balsells
Paralelamente a la crisis institucional que se refleja todos los días en los diarios, y que denota el carácter convulso de nuestra coyuntura, para salir del caos es preciso caminar hacia adelante. Es por ello importante impulsar los compromisos anunciados en lo que el Congreso de la República ha bautizado como “El Día de la Dignidad”. A este respecto, conviene subrayar algunas propuestas publicadas en el último informe de la Minugua sobre el avance en materia del cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH).
Indica la Minugua que, con miras a alcanzar el desarrollo social y un mejor servicio público, la CEH recomendó al Gobierno la promoción de medidas tendientes a reforzar la movilización de los recursos nacionales, a través de medidas que son ya parte de un consenso mínimo, en virtud de que han significado costos, esfuerzo de tiempo y de recursos en materia de concertación: los Acuerdos de Paz. Y así lo que reconoció, afortunadamente, el Gobierno la semana pasada. Lo que quedó escrito y signado se resume en aspectos como los siguientes: Reforzar la movilización de recursos a través de una reforma fiscal justa, equitativa y globalmente progresiva, la cual está claramente delineada en el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria.
Diferentes entes que respetan dichos compromisos hablan así de crear los denominados impuestos directos y tener una visión integral de las cosas. Además, ello debiera ir acompañado de la necesaria transparencia en el gasto público. Según estimaciones de la propia Minugua, los elevados índices de corrupción facilitaron la extracción de recursos a manos privadas, cercana a un 10 por ciento del presupuesto nacional, lo cual es un nivel sin precedentes en la Historia del país.
El nombre del Acuerdo (Socioeconómico), permite tener presente que en Latinoamérica se ha generalizado una falacia que, según el renombrado experto, Bernardo KIisberg, ha distorsionado la visión de la forma de salir del subdesarrollo. Klisberg se refiere a la separación tajante de lo económico y de lo social. Y es que en la mayoría de los países, por un lado van las políticas económicas creando pobres, y por otro van las sociales, asistiendo mínimamente a la fábrica de pobres creada. Klisberg se refiere así a la denominada “falacia del chorreo”, que indica que los pobres tan solo deben contentarse con el rebalse creado por la abundancia.
El experto habla entonces que lo que debe existir son: “políticas socioeconómicas”. Y nuestro Acuerdo de Paz referido tiene, sabiamente, muchas consideraciones que ayudan a neutralizar esa falacia, tan generalizada. Se tienen entonces los consensos mínimos de donde hay que partir. Afortunadamente, los más altos entes del Estado guatemalteco han manifestado tácitamente su acuerdo al respecto. La discusión, entonces, debe enmarcarse en dichos lineamientos.
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