Estamos viendo con sorpresa y disgusto cómo se han venido descubriendo varios insólitos hechos de corrupción...
Editorial
Estamos viendo con sorpresa y disgusto cómo se han venido descubriendo varios insólitos hechos de corrupción que se produjeron durante los últimos días del gobierno del FRG y del presidente Alfonso Portillo y el vicepresidente Francisco Reyes. Y, en cada uno de ellos, los guatemaltecos vemos aumentado nuestro rechazo a los políticos corruptos que en mala hora se hicieron cargo de responsabilidades que jamás debieron asumir, no sólo por su incapacidad, sino por su ausencia de patriotismo y de moral.
Por esos escándalos hay motivo suficiente para sentir por lo menos una decepción de los políticos a quienes, en nuestra opinión, se les debe llevar ante los tribunales para que éstos sean los que se encarguen de enjuiciarlos y declararlos culpables, si lo fueren, y castigarlos con el peso de las leyes. Los medios de comunicación y los periodistas no pretendemos asumir el papel de jueces inapelables, como lo plantearon dos Senadores chilenos que vinieron al país a impartir un curso intensivo a nuestros legisladores que, como se ha visto, no están preparados para desempeñar el papel que les corresponde. Se equivocan esos distinguidos Senadores al juzgar el papel que nos hemos visto obligados a asumir los medios de comunicación y los periodistas. Hemos tenido que asumir el papel de investigadores y fiscales en vista de la impunidad que existía debido a que, a quienes correspondía investigar, se hacían de la vista gorda y el Ministerio Público no cumplía con su deber de llevar ante los tribunales a los corruptos y delincuentes, razón por la cual eran impunes. Y la prensa, sobre todo la escrita, se tuvo que ver en la necesidad de asumir ese papel, en el cual sus reporteros expusieron hasta sus vidas para denunciar los delitos que se cometían cuando muchas veces los telenoticiarios callaron en complicidad con los funcionarios.
Ahora se topa el país con un caso que merece especial atención cuando el ex candidato presidencial de la UNE, Álvaro Colom, se permite la desfachatez de amenazar con romper el Pacto de Gobernabilidad en el Congreso y hacer una oposición sistemática, si las autoridades siguen investigando los cheques que emitió el ex superintendente de la SAT Marco Tulio Abadío en favor de esa campaña presidencial. Los cheques, por más de un Q1 millón, que fueron emitidos tanto por Abadío como por Dubón, a nombre de Colom o de la UNE, son pruebas documentales que deben ser utilizadas por los fiscales y los jueces para que aquí haya gobernabilidad y justicia.
Es evidente que esa típica postura de perdonavidas que ha asumido Colom, al amenazar con romper el Pacto de Gobernabilidad si continúa lo que él califica de campaña negra, tiene el objetivo de tratar de desviar la atención de su responsabilidad legal. Pero no debemos caer en esa trampa ni el Gobierno, ni los jueces, ni la prensa independiente y digna, ni el pueblo de Guatemala.
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