dicho individuo respondía a la estrategia eferregista de perpetuarse en el poder para continuar con el saqueo.
Julio César Godoy Anleu
Es increíble que después de la vergüenza y la ignominia del escándalo más que confirmado de los millones de fondos gubernamentales, propiedad de todos los guatemaltecos, depositados en las cuentas de la UNE y el PAN, todavía les palpiten sus corazoncitos a algunos columnistas identificados física, emocional o financieramente con el candidato que se vendiera durante la campaña como “un Presidente de verdad”.
Es inaudito pensar que individuos que se las llevan de objetivos y sumamente profesionales, se atrevan a pretender darle el beneficio de la duda únicamente por los sesgos ideológicos, complejos y resentimientos sociales que los dominan, cuando demostrado está que efectivamente dicho individuo respondía a la estrategia eferregista de perpetuarse en el poder para continuar con el saqueo y entrega de nuestro país al contrabando, al crimen y por ende al narcotráfico.
Es bochornosa e insultativa la actitud asumida por Álvaro Colom Caballeros, quien sin duda creerá que a estas alturas de nuestra historia puede continuar con las cátedras de cinismo y desvergüenza, que al mejor estilo de los Cerezo Arévalo o los Portillo Cabrera entre tantos otros, tanto daño y sufrimiento irreversible le han causado al pueblo guatemalteco, y por ende a nuestra enclenque democracia.
Nadie puede creer las excusas tan baratas y ordinarias para justificar, hoy que ha sido puesto en evidencia, que no tenía conocimiento de dónde venían los fondos.
Seguramente que recibieron más plata, y que si consideraba al patán de Abadío como un exitoso empresario del cual podía recibir financiamiento, pese a todo lo que se había ventilado sobre él, de igual manera pudo haber catalogado a tantos otros, que en este país de paradojas tienen fachadas comerciales para encubrir sus turbios negocios de toda índole, incluidos el lavado de dinero y el tráfico de drogas.
Álvaro Colom, políticamente debiera estar acabado y sepultado para la Historia, cosa que en este país aún no sabemos, sin duda alguna que ha perdido el buen nombre que muchos –a pesar de no ser sus seguidores– creíamos que tenía; ha perdido su credibilidad, su honorabilidad y escupido ingratamente sobre la tumba de Manuel Colom Argueta, pues se benefició en todo momento de su figura y explotó el apellido, para mancharlo y situarse a la altura moral de los López Rodas, los Alfonsos, los Serrano Elías y los Reyes López.
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