Tengo serias reservas de que la Gana se convierta en el Arena guatemalteco.
Pablo Rodas Martini
En mi artículo del martes hablaba de nuestra Santísima Trinidad chapina: el Gobierno, la prensa y la cúpula empresarial. Sostenía que comparada contra ella, el dueto –oposición política y sociedad civil–, no contaba nada en la coyuntura actual. Una está en desarraigo y la otra paralizada. Agregaba que incluso habría que ir más lejos. Más que una Santísima Trinidad, habría que hablar de un Santísimo Cuarteto.
Ese cuarto actor, que todavía se comporta con mucho más sigilo (salvo en casos como la cancelación de visas) que la cúpula empresarial, es la poderosa y omnipresente Embajada de EE.UU. Si el sector empresarial es alguien que al momento actúa tras bambalinas, la Embajada opera casi a control remoto. Muchas de las persecuciones judiciales no llegarán a concretarse a no ser por la colaboración de EE.UU., como de hecho la han ofrecido. La Superintendencia de Bancos (SB) se ha dedicado a revisar cheques por el lavado de dinero –que tanto interesa a los gringos– y de paso, se han topado con evidencias que culpan a funcionarios corruptos y denuncian el financiamiento electoral ilegítimo –que tanto interesa al Gobierno–. La SB es un muchacho que recibe galletas de premio por la Embajada y el Gobierno. A la Embajada, además, el discurso proempresarial de la Gana, los megaproyectos de inversión, el entusiasmo por el CAFTA, todo le parece melodioso, cual canto de sirenas. Están extasiados con el nuevo gobierno.
Hay quienes creen que dada la correlación de fuerzas actual, la alianza Gana, sector empresarial, fácilmente podría llegar a gobernar 8 o hasta 12 años. De inmediato comienzan a pensar en la experiencia salvadoreña, y creen que la Gana iría en camino de convertirse en el Arena guatemalteco.
Yo no arribo a esa conclusión. Al momento nadie podrá oponerse a la Santísima Trinidad… y muchos sentirán que deben persignarse ante su presencia. Sin embargo, tengo mis reservas que logren sostener la unidad de estos tres primeros meses de Gobierno. La Santísima Trinidad podría fracturarse antes de lo que pensamos, tanto por razones internas –a ellos mismos–, o externas –del país–. Veamos hoy la primera de estas razones.
Primero, el Gobierno podrá condenar con absoluta severidad los delitos cometidos por el FRG, la UNE y el PAN, pero tampoco han estado ni estarán libre de culpas. En el gobierno de Álvaro Arzú y en la gestión municipal del PAN –incluidos los dos períodos de Óscar Berger–, se dieron abusos: jugosos contratos públicos terminaron en manos de empresas de dirigentes del partido. Contra la corrupción del FRG –descarnada y sin obras–, la dirigencia política de la derecha no puede presumir de una honestidad a prueba de fuego. Mencione, usted, lectora o lector, algún proyecto importante de la administración de Arzú o de la de Berger en la Municipalidad, y se podrían ir mencionado nombres de dirigentes políticos que aprovecharon la ocasión para quedarse con contratos millonarios: telefonía, electricidad, carreteras, correos, semáforos, parquímetros, etcétera, etcétera.
Ahora, la Gana dirá que tiene numerosos cuadros que colaboran ad honórem, que sacrifican su tiempo en aras del país. Esto será cierto para algunos de ellos, que efectivamente verán su participación como un aporte desinteresado al país, pero otro número apreciable nunca olvidará, en última instancia, que son empresarios... con el ojo siempre puesto en oportunidades de negocio. No será corrupción a lo FRG –de robarse hasta el último centavo y no construir las obras–, pero quedarse con contratos públicos valiéndose de influencias políticas, también se conoce como corrupción en Alemania, China, Zimbawe o Guatemala.
En síntesis, ya han caído en tentación en dos ocasiones, y no va a ser nada, pero nada raro, que el pecado los vuelva a tentar por tercera vez, máxime con los megaproyectos e inversiones públicas elevadísimas de que se habla. Abusos así serán denunciados a los cuatro vientos por la oposición política, la sociedad civil y la misma prensa. Ésta es sólo la primera razón. Continuaré.
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