El Salvador acude mañana a las urnas para elegir Presidente, por tercera vez desde que se suscribió...
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El Salvador acude mañana a las urnas para elegir Presidente, por tercera vez desde que se suscribió la paz en ese país. La Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) son los grandes protagonistas de un proceso político que alguna vez mostró envidiable dinamismo. Antonio Saca, de 39 años, locutor deportivo y empresario radial es el favorito para obtener el triunfo y ocupar la Presidencia que por cuarta vez consecutiva conseguiría Arena. A su contendiente, Schafik Handal, ningún estudio de opinión le atribuye posibilidades de terminar en primer lugar en el ejercicio del próximo domingo y de ahí que aspire como máximo a obtener suficientes votos para forzar una segunda ronda electoral.
Semejante a Guatemala, El Salvador muestra alarmantes índices de violencia y un modesto crecimiento económico. Notoriamente su economía no crece en la medida suficiente para satisfacer las necesidades de su población más pobre y los sectores más favorecidos en los últimos tiempos, servicios y sobre todo maquila, son incapaces de generar la riqueza necesaria.
Como Guatemala, el país sobrevive gracias a las remesas familiares provenientes de Estados Unidos. Pero a despecho de lo que cualquier proceso político moderno supondría, la discusión más relevante a lo largo de la campaña electoral no ha girado alrededor de las opciones para hacer crecer la economía. En cambio, ha sido la retórica más oscura, aquella tan socorrida en los años de la Guerra Fría, la que ha protagonizado el debate.
Más de una década después de suscrita la paz, los contrincantes centran sus argumentos en avivar el miedo al comunismo unos, y a la exagerada intervención imperialista los otros. En los mítines areneros era frecuente escuchar el grito ochentero de “Patria sí, Comunismo no”, en tanto que los del FMLN la despotricaban contra cinco empresas consideradas “enemigas” del país, entre ellas, algunos de los conglomerados económicos más importantes de esa nación. Pero de la retórica a la práctica hay un gran trecho. Y El Salvador merece soluciones, no meras palabras.
Muy probablemente el señor Handal perderá las elecciones. Su derrota, ojalá, forzaría el desplazamiento de una generación de dirigentes izquierdistas ortodoxos que han impedido al FMLN convertirse en opción real de poder. El triunfo de Arena, en cambio, no garantiza en sí mismo ninguna mejoría en la calidad de su oferta electoral, a menos de que decidan centrar sus esfuerzos en establecer una agenda de corte social que vea por el beneficio de la mayoría desprotegida.
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