Los salvadoreños comenzaron ayer a disfrutar de la prohibición legal a la propaganda electoral, luego de cinco meses de la más dura y confrontativa campaña que este país ha visto en décadas.
En las semanas previas a las elecciones del domingo, los partidos hegemónicos, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), entraron en una dinámica de ataques centrados en argumentos que, en el resto del mundo, vieron sus mejores años durante la guerra fría.
Y mientras en China se habla de proteger la propiedad privada y a Cuba se le considera el último reducto del comunismo en el mundo, en El Salvador hay miedo a que el fantasma de Lenin esté por volver.
“El Presidente debe creer en Dios …ellos quemaron una bandera de Estados Unidos; no nos podemos dar ese lujo si este país tiene dos millones de compatriotas allá… no confiamos en un comunista, porque son capaces de disfrazarse de cualquier cosa”, sentenció el candidato presidencial de Arena, Antonio Saca, en un radio-mitin transmitido por más de 120 emisoras del país.
Eso es en el discurso público. En su propaganda electoral, Arena se abstuvo de atacar, aunque había quienes lo hacían por ellos. Personas como Rafael Menjívar, un ciudadano “común y corriente” que invirtió cerca de US$1 millón para transmitir anuncios televisados contra el FMLN.
René Figueroa, jefe de campaña de Arena, dice que Menjívar no recibió dinero de su partido, pero que no le sorprende su cruzada porque, dice, “es un hombre de derecha que quiere que se recuerde el pasado del FMLN”.
En uno de esos comerciales se presentaban tomas de lugares donde mantenía la guerrilla a sus secuestrados o, por ejemplo, un spot con los bombazos en Madrid, de las Torres Gemelas o de otros actos de terrorismo. “Ellos (los terroristas) tienen un fiel amigo y aliado en Schafik (Handal)”, dice Menjívar sobre el candidato del FMLN.
Otro de los temas de campaña fue el insistente recordatorio sobre la abstinencia de la bancada del FMLN para votar en una ley antimaras. Saca, que propone una ley de “supermanodura” contra “los malacates y los pícaros”, les reprocha a los izquierdistas no haber votado.
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