¿De ser electo Presidente, cómo visualiza el futuro de las relaciones entre Guatemala y El Salvador?
– La historia de las parcelas centroamericanas es una historia común. En algunos periodos hemos separado nuestras repúblicas, y eso no es lógico. Centroamérica unida tiene muchas más posibilidades que una Centroamérica desunida. El acto del presidente Óscar Berger y el presidente Francisco Flores (la apertura de fronteras) es una muestra, quizá la más grande, de que Guatemala y El Salvador van a ser los abanderados en el proceso de integración regional.
¿Cómo es su relación con el presidente Berger?
– Nos llevamos muy bien y nos entendemos como pueblos. A Óscar Berger lo conozco y es mi amigo. Considero que, de ser electo yo Presidente, nos vamos a llevar muy bien. Tenemos ambos un espíritu integracionista y considero que la relación será fluida y de mucha contribución.
¿En qué temas habrá mayor contribución?
– Vamos a seguir avanzando en el tema de la libre circulación de personas y bienes a través de nuestra frontera. Esperaríamos que Honduras y Nicaragua sigan este ejemplo que estamos dando.
Estados Unidos dijo que no negociaría el acuerdo comercial con Centroamérica si no era con el bloque en su conjunto. Ahora cada país tiene que ratificar, en sus congresos y por separado, el Tratado de Libre Comercio. ¿Qué tanto cree que se pueda llegar a complicar esta situación en El Salvador si hay grupos que anuncian que no aprobarán ese acuerdo? – Es la gran oportunidad histórica de insertarnos en un proceso inexorable. La globalización es una realidad atropellante y, creo, a Centroamérica le llega el turno de formar parte de una gran zona de libre comercio y tiene varias ventajas añadidas. Uno, le pone motores a la integración y ya estamos viendo los resultados. Luego, consolida los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Tres, Centroamérica se convierte en un sitio ideal para las inversiones. No aprobarlo nos pondría en desventaja.
Si hay punto de entendimiento entre ambos gobiernos en ese tema, pareciera haber divergencias en otros, como el trato que se debe dar a las pandillas. Guatemala le ha dado un enfoque de más rehabilitación, mientras que usted quiere la mano dura…
– Yo quiero la supermanodura. Cuando hablo de eso, me refiero a tener los instrumentos legales para que la Policía pueda capturar al malacate y al delincuente que roba la tranquilidad, que mata y viola a niños y niñas de cinco años. A ese hay que capturarlo y meterlo a la cárcel. Una mano amiga a la víctima y una extendida para el joven que está en las pandillas y quiere superarse. La supermanodura es un concepto integral. Es completo contra la corrupción, el narcotráfico, la delincuencia organizada.
¿Cómo se consigue que esto sea un tema de campaña?
– La gente nos está pidiendo que les liberemos las calles. Hay calles donde hasta les cobran impuesto por transitar.
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