De su colaboración conjunta, en los años 60, surgen, por ejemplo, libros como “Último round” y “La vuelta al día en ochenta mundos”, cuya diagramación –debida a Silva– fusionó de manera magistral texto y diseño. Asimismo, Cortázar es el responsable de los escritos que aparecen en “Silvalandia”, libro del pintor. elAcordeón tuvo oportunidad de platicar con “el otro Julio” durante el coloquio “Universos cortazarianos”, organizado el mes pasado por la Universidad de Guadalajara, México.
¿Cómo era Cortázar como amigo?
–Al decir amigo, al apropiarse de una imagen así tan valiosa, uno siente que está cometiendo un robo, ya que Julio pertenece hoy a la humanidad.
Julio, siendo tan alto, se adaptaba a tu estatura intelectual, física y mental. Nunca quiso ponerse más allá del personaje que conocía; si le convenía continuaba una relación y si no, quedaba en no más que “chau y hasta pronto”.
Yo lo acompañé en momentos clave de su vida, en el trabajo, incluso haciendo arte para su tumba en Montparnasse. En la parte baja yo puse una imagen que se llama Despedidas entre sonrisas, para que veás que a ese mundo dramático que puede ser la muerte, para él no era una imagen dolorosa o de sacrificio, sino una cosa lúdica.
Julio Cortázar escribió un libro basándose en algunas pinturas suyas. ¿Cómo nació “Silvalandia”?
–Silvalandia nació de una cosa muy simple. Yo tenía una apartamento nuevo y los muros muy despojados, así que estaba colgando una serie de crayolas y Cortázar me dijo “ésta, ésta y ésta me las das”. Yo las arreglé, las monté como si fueran un libro y él se las llevó. Un año después, volviendo de la provincia, me dijo: este es el texto para tus dibujos. Luego de esto, conseguir una editorial fue la cosa más fácil del mundo. Es un texto, que a mi criterio, tendría que ser leído por los niños en la escuela, aunque también por los adultos y por los viejos. Es un libro alegre, inventivo, son como pequeñas fábulas.
Para la portada del libro usted pintó a los dos Julios, y cada lector debe averiguar quién es quién, eso es una especie de juego…
–En el texto, Julio me puso otro nombre. Me decía “patrón”, porque cuando decían Julio los dos volteábamos la cabeza. Como yo era un poco más impulsivo y el que daba soluciones, entonces me llamaba “patrón”. Al mismo tiempo, el “patrón” era como un título, yo lo tomaba como un título de nobleza.
Otro de los proyectos que hicimos con Julio fue El libro del interior. El escritor generalmente hace un manuscrito, lo envía al editor y recibe un paquete de hojas impresas y basta. De tanto en tanto puede participar en la tapa o la tipografía pero no entra en el interior. Entonces vino un editor del Fondo de Cultura Económica y nos dijo que tenía el texto pero que había que darle una dinámica, montarlo como una especie de almanaque. Lo que hicimos fue juntar imágenes, dándole una tipografía, un sentido, hicimos algo bastante lúdico en el diseño, como lúdico es el texto.
Cuénteme sobre el diseño de “Último round”, uno de sus trabajos en conjunto más celebrados
–Cortázar se inquietaba mucho por los precios excesivos de los libros y entonces pensamos en la manera de bajar los costos. Yo le dije que el libro, una vez organizado, se podía plegar y después el editor no tenía más que hacer un montaje y tenía un libro de bolsillo con más calidad, con más imagen y podría ser para un público popular. Incluso los estudiantes podrían comprar un volumen cada uno y después pasárselo, porque no es una novela que comienza en el volumen uno y termine en el dos, es alternativo.
–La gente trata de encontrar las llaves para la literatura de Cortázar y no hay llaves. Es como el personaje de Kafka que entra en el castillo, tratando de robarle las llaves al guardián que se ha dormido y él le dice “pero si la puerta está abierta, por qué tratás de buscar una llave”. Vos podés analizar la obra de Julio por el lado estructuralista, por el psicoanálisis, por la antropología, pero eso es una disección inútil. Vos podés preguntar qué le pusiste adentro y tratar de descifrar, pero nunca llamar al cocinero para preguntarle los ingredientes, aquí te hablo del sentido gustativo de la literatura. No es bueno decir aquí hay algo de Capote o de Faulkner; no, ésas son adquisiciones.
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