En política lo que no es viable no existe. Pero, ¿sólo es posible una arquitectura institucional para la democracia y un mapa para la política?
Distintas culturas han tenido formas diferentes de procesar el tema del poder, y por ello es ingenuamente antidemocrática la aspiración de imponer un sólo modelo de democracia.
Las ideas clave de la democracia como gobierno de hombres y mujeres libres, iguales ante la ley, que estructuran el poder pacíficamente por decisión de mayorías, que lo ejercen respetando a las minorías, está presente de distintas maneras en muchas culturas y constituye un referente de adhesión al ideal democrático.
Ahora bien, las formas de representación, los diseños institucionales y los mecanismos de procedimiento pueden variar notablemente.
Armonizar las culturas occidental y maya a fin de estructurar y hacer funcionar el poder político democrático, es el desafío principal para el avance satisfactorio de los Acuerdos de Paz.
Para ello, la agenda indígena, con sus diferentes culturas y actores, debe incorporar e incorporarse en la estructura y funcionamiento del poder y en la institucionalidad del Estado, y transformarlas, darles otro carácter.
Un paso importante tras ese objetivo, que apoyamos decididamente hace un año, fue la creación de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo, como nueva función del Estado guatemalteco.
A pesar de sus limitaciones presupuestarias, la Comisión ha logrado construir propuestas y ha sido consultada. Tuvo representación y decisión en la política internacional, y comenzó a cumplir su propósito de ser vaso comunicante entre los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y local, y los pueblos indígenas. Su misión es dar seguimiento al cumplimiento de los Acuerdos de Paz y al manejo diario de problemas serios como la discriminación y el racismo.
Se integró con miembros de las comunidades indígenas cuya elección descansó en consultas con organizaciones indígenas. La Comisión constituye una promesa para el avance en la institucionalización de la diversidad y la incorporación de la etnicidad al tema democrático, incluyendo, como he dicho, las relaciones internacionales del Estado.
Pero el camino de encuentro entre etnicidad y política democrática tiene otras vertientes que es necesario explorar.
La ciudadanía multicultural no es un dato que se construye sólo desde arriba, con base en normas legales. Es, antes, un proceso que discurre en el Estado y en la sociedad y requiere amplia participación social en la política democrática.
En democracia, cualquier identidad étnica, cultural o de género, por muy fuerte que sea, demanda, para preservar su existencia y alcanzar sus objetivos, trascender al ámbito público.
Lo público no es en sí mismo la identidad particular, pero sí un medio eficaz de autoafirmación de identidades colectivas. Y tiene el agregado de vigorizar el propio ámbito público, gracias al fortalecimiento del tejido social producido por esa autoafirmación.
Trascender de lo privado al ámbito público requiere en nuestra época de presencia en los mass media. Y alcanzar esa presencia, para una identidad étnico-social, supone ser parte del elenco de movimientos sociales y sujetos políticos.
De ahí la importancia que sectores indígenas tuviesen acceso a una frecuencia de televisión abierta, y ojalá pronto vuelva al debate la necesaria reforma de la Ley General de Radiodifusión.
Hay dos enfoques sobre el tema de lo público. La mayoría de las ideologías políticas sostiene que sólo en la acción política es posible darle alcance general a una abigarrada gama de reivindicaciones particulares. También hay quien sostiene que en cada tipo de sociedad existe un conflicto central.
Pero los dos enfoques pueden complementarse: siempre hay un conflicto de “época” mundial y nacional, y vinculado a él hay varios conflictos centrales para cada tipo de sociedad.
Para el caso nuestro, el conflicto de “época” parece configurarse alrededor de la refundación de un Estado-nación que armonice la unidad y la diversidad en democracia y en paz, y trascienda hacia el Estado-región.
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