Eran buenos días aquéllos, cuando en la hacienda El Chile, el ex presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, complacía a sus invitados con bacanales, donde vino y aguardiente eran derrochados. Las mejores bandas tocaban en vivo y bellas mujeres la hacían de damas de compañía de los más altos funcionarios y empresarios. Alfonso Portillo y Julio Girón, unos de los convidados predilectos, eran transportados en un helicóptero azul.
Alemán era un derrochador. Dos diputados liberales y su cuñado revelaron que mensualmente sacaba US$ 5 millones de las arcas del Estado. De esta manera, el ex presidente de Nicaragua, en un país donde el 70 por ciento de la población es pobre, acumuló una fortuna de US$250 millones, que fueron depositados en bancos en el extranjero e invertidos en 56 propiedades, entre casas y haciendas, según un reporte de Latinamerica Press.
Recuerdo, hace más de dos años, cuando con un grupo de periodistas nicaragüenses emprendimos una investigación para demostrar los vínculos amistosos y comerciales que Alemán sostenía con funcionarios del FRG, descubrimos sorpresas que aún no dejan de asombrarme. Era tan poderoso y tenía tantas similitudes con Portillo y su gobierno, que nunca imaginé verlo tras las rejas.
Veamos: Con recursos del Estado, Alemán remodeló su hacienda El Chile, ubicada al sur, a 20 kilómetros de Managua, hasta que la convirtió en un suntuoso palacete.
En medio de aldeas que decoraban su geografía con drenajes a flor de tierra, Alemán hizo construir una magnífica carretera asfaltada para llegar a sus haciendas. El gasto fue amortiguado por el Gobierno. Mientras que, para los 3 mil vecinos de la aldea El Crucero, donde se ubican las tierras, no hubo más que restos de piedra, polvo y destrozos de maquinaria.
En muchas ocasiones, el entonces Presidente transitó por esta autopista a bordo de su descapotable Mercedes Benz, de color rojo, que le fue obsequiado por Francisco Alvarado MacDonald, el mismo financista que dio casa, autos y dinero a Portillo.
Uno de los escándalos más fuertes lo protagonizó Alemán cuando se descubrió la construcción de un inmenso helipuerto en su hacienda, con fondos del Estado. Según la prensa, allí guardaba el helicóptero rojo con dorado que el secretario privado de la Presidencia de Guatemala, Julio Girón, le facilitaba desde Guatemala.
Debido a estos excesos, el Fondo de Población de las Naciones Unidas advirtió que la desprotección social y la falta de ingresos económicos provocarán, dentro de diez años, que el número de pobres en Nicaragua se incremente en medio millón más.
Alemán frecuentaba en Guatemala a sus amigos empresarios. Luego aprovechaba para gozar, con los funcionarios de turno de los mejores burdeles. Investigaciones determinaron que contaba con más de 100 tarjetas de crédito a su nombre, subsidiadas por el Estado. Una de ellas reporta más de US$1.5 millones que erogó en “parrandas” en Guatemala, México y el resto de Centroamérica.
El pasado viernes, sin embargo, el esplendor que rodeó a Alemán se difuminó. La televisión mostró el semblante de un hombre temeroso e impotente que era conducido a prisión. Aunque Alemán intentaba que una sonrisa emergiera de su rostro, sus ojos delataban pánico. Las manos le temblaban y sudaba mucho.
Desde hace cuatro meses, Alemán guardaba arresto domiciliario en su hacienda, aduciendo enfermedades. Un juzgado lo sentenció a 20 años de prisión por lavado de dinero, fraude, malversación de fondos públicos y peculado. El todopoderoso, herdero de pobreza y desempleo, nunca imaginó que la justicia caería sobre él.
Así, para los protagonistas de esta historia, la vida ha cambiado. Alemán es un reo. Portillo, una sombra que se refugia en México y gasta muchos de los millones que acumuló en cuatro años para evitar que el peso de la ley caiga sobre su pellejo. De Girón sabemos que intenta alquilar su casa. Quizá cambie de horizontes ahora que descubre que los Q6.4 millones que utilizó para pagar su mansión de zona 13 provienen del dinero de la Conexión Panamá.
A Paco Alvarado sólo se le ve en fotos de prensa visitando tribunales e intentando vengar la traición que le hizo su “amigo” Portillo. Se sabe por corredores de bienes raíces que su residencia de la zona 14, que gracias a su generosidad habitó Portillo por cuatro años, se encuentra en alquiler, con opción a venta.
La vida es así. El poder termina y arrastra con los que se sirvieron de él.
0 comentarios: